Bruce Springsteen pone un monumento español a la altura de Elvis Presley: "sentí lo mismo", y está en Barcelona
Hay dos cosas que marcaron a Bruce Springsteen en esta vida. Una fue ver a Elvis Presley en la tele a los siete años. La otra está en Barcelona, y es de piedra.

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El músico, de 76 años, lo dijo así: "al ver la Sagrada Familia sentí lo mismo que al ver a Elvis Presley". Viniendo de quien viene, la comparación no es un cumplido de postal: es el máximo que tiene en catálogo.
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Por qué Elvis es la medida
Para entender el tamaño del elogio hay que volver a 1956. Springsteen tenía siete años cuando vio una actuación televisada de Elvis y aquello le reorganizó la vida entera; de ahí salió el chaval que pidió una guitarra y acabó siendo The Boss. Elvis no es para él un cantante más: es el momento fundacional.
Traducción: cuando alguien pone a Gaudí en la misma frase que la escena que le cambió la vida a los siete años, no está hablando de turismo. Está hablando del golpe que te da una obra cuando la ves por primera vez.
Barcelona, desde 1981
La relación del músico con la ciudad viene de lejos: la pisó por primera vez hace más de cuatro décadas, en 1981, y ha vuelto siempre que ha podido, en gira o por su cuenta. Entre los músicos internacionales, Barcelona tiene fama de público entregado, y Springsteen es de los que lo ha repetido en escenario. No es una relación de aeropuerto y hotel: es de las ciudades que ha visitado también cuando no iba a tocar.

El año en que el templo se remata
La frase llega además en un momento particular para el edificio. 2026 es el año del centenario de la muerte de Antoni Gaudí — falleció el 10 de junio de 1926, atropellado por un tranvía — y también el año en que la basílica prevé culminar la torre de Jesucristo, la central, que con sus cerca de 172 metros convertirá al templo en la iglesia más alta del mundo.
Ojo al detalle que descoloca a todo el que la visita: la Sagrada Familia lleva en obras desde 1882 y sigue financiándose con donaciones y con las entradas de los visitantes. Ningún presupuesto público la sostiene.
Lo que vio Springsteen en 1981 era, por tanto, bastante menos de lo que hay hoy: ni las torres de los evangelistas ni buena parte de la fachada de la Gloria estaban levantadas. El golpe se lo llevó igual.
Para quien quiera comprobarlo por su cuenta este otoño, el consejo de cualquier barcelonés es el mismo de siempre: entrada reservada por internet con fecha y hora, y mejor a primera hora de la mañana o a última de la tarde, cuando el sol entra por las vidrieras y el interior cambia de color entero.
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