Antes de pagar al fontanero por un lavabo atascado: hay un arreglo de 5 minutos que se hace con un lápiz viejo
El agua del lavabo baja cada día más despacio, y el instinto manda al supermercado a por un bote de desatascador. Hay un paso previo que no cuesta nada, tarda cinco minutos y resuelve la mayoría de los casos.

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El motivo es dónde se forman casi todos los atascos del baño: no en la tubería, sino en el sifón, esa pieza curvada bajo el lavabo que retiene agua para que no suban los olores. Ahí se acumulan pelos, jabón y esa pasta gris que no hace falta describir, y ahí se quedan.
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El arreglo, paso a paso
- Pon un cubo o un barreño debajo del sifón. Va a caer agua sucia, es la señal de que vas bien.
- Desenrosca el vaso inferior del sifón — la copa de abajo en los sifones de botella, que son los habituales bajo el lavabo —. Normalmente sale a mano, girando; si está duro, un trapo para agarrar mejor y paciencia, nada de alicates a lo bruto.
- Vacía y limpia el interior con un lápiz viejo o un palito: arrastra la maraña de pelos y la masa acumulada en el vaso y en la boca del tubo. El lápiz llega donde el dedo no quiere llegar.
- Enjuaga la pieza, comprueba que la junta de goma está en su sitio y vuelve a enroscar sin pasarte de fuerza.
- Abre el grifo y mira que no gotee. Si gotea, afloja, recoloca la junta y aprieta de nuevo.
Cinco minutos, cero euros y el agua vuelve a tragar como el primer día. La idea circula entre fontaneros y manitas por una razón simple: es exactamente lo que haría el profesional al llegar, antes de cobrar la visita.
Traducción: el bote de desatascador ataca a ciegas una tubería entera; el lápiz va directo al sitio donde está el 90 % del problema. Y de paso te ahorras echar química agresiva a unas tuberías que no la necesitaban.
Cuándo el lápiz no basta
Si el sifón sale limpio y el agua sigue sin bajar, el tapón está más adentro, y ahí cambia la película. El desatascador de ventosa de toda la vida y el muelle de fontanero — pocos euros en la ferretería — son el siguiente escalón; la química fuerte, el último.

Con los productos, dos reglas que no se negocian: guantes y ventilación siempre, y jamás mezclar desatascadores entre sí ni echar uno cuando ya hay otro en la tubería. Las mezclas de limpieza improvisadas generan gases que mandan gente a urgencias todos los años.
Ojo a la señal de que esto ya no es cosa tuya: si el atasco afecta a varios desagües a la vez, o el agua sube por donde no debe, el problema está en la bajante del edificio. Eso es fontanero — o comunidad — sin pasar por la ferretería.
La otra mitad del truco es que no vuelva a pasar: una rejilla atrapapelos de bazar en el desagüe, nada de restos de jabón sólido grandes por el agujero, y un chorro largo de agua muy caliente una vez por semana. El sifón se puede abrir y limpiar un par de veces al año aunque no haya atasco; de hecho, para eso lo diseñaron desenroscable.
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