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Antes de la artrosis, la rodilla da avisos que casi todos ignoran: una cirujana explica cuáles son y cómo frenarla

El crujido al subir la escalera del metro, la rodilla que tarda unos pasos en arrancar al levantarse del sofá, la molestia que aparece después del partido de pádel y se va al día siguiente. Casi nadie le da importancia a nada de eso hasta que un día la rodilla duele sin motivo.

La rodilla avisa antes de la artrosis: rigidez, crujidos que duelen y dolor al bajar escaleras.
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Para entonces, el proceso lleva años en marcha. En España, el 13,8 % de los mayores de 40 años tiene artrosis sintomática de rodilla, según el estudio EPISER2016 de la Sociedad Española de Reumatología. Es, con diferencia, la articulación más castigada, por delante de la mano y la cadera.

La cirujana ortopédica Alexis Colvin, profesora en el hospital Mount Sinai de Nueva York y jefa médica del US Open de tenis, recurre a una imagen de taller para explicar lo que pasa dentro: la del aceite de motor. Y la comparación encaja con la fisiología de la rodilla mejor de lo que parece.

Los avisos que da la rodilla

La artrosis temprana tiene un idioma propio, y estas son las frases que repite con más frecuencia:

  • Rigidez por la mañana que dura menos de media hora y se va al empezar a moverse.
  • Rigidez después de estar sentado un buen rato, en el cine, en el coche o en una reunión.
  • Dolor al bajar escaleras, más incluso que al subirlas.
  • Molestia después del ejercicio que mejora con el reposo.
  • Crujidos acompañados de dolor al flexionar la rodilla.
  • Hinchazón leve tras un esfuerzo, como caminar mucho o pasar el día de pie.
  • Dificultad para levantarse de una silla baja sin ayudarse con las manos.

El detalle de la media hora tiene su importancia. Una rigidez matinal corta es típica del desgaste; cuando se alarga más de una hora, los médicos piensan antes en una artritis inflamatoria, que se trata de forma muy distinta.

El crujido solo, sin dolor, suele ser inofensivo: muchas rodillas sanas suenan. Lo que cuenta como aviso es el crujido que duele.

Cuantos más avisos de la lista se reconocen, más sentido tiene empezar a cuidar la articulación ya. Y ahí entra la comparación del motor.

El aceite de motor de la rodilla

El cartílago que recubre los huesos de la rodilla no tiene vasos sanguíneos. Se alimenta del líquido sinovial que lo rodea, y lo absorbe como una esponja: cada vez que la articulación se carga y se descarga, el cartílago expulsa líquido usado y recoge líquido nuevo, con sus nutrientes.

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Por eso el movimiento hace en la rodilla el papel del aceite en un motor. Una articulación que se mueve con regularidad se lubrica y se nutre; una que se deja quieta por miedo al dolor se va secando, y el cartílago se deteriora más deprisa.

El reposo absoluto, que parece lo prudente cuando la rodilla molesta, es justo lo que más acelera el desgaste.

Eso no significa machacarla. La clave está en el tipo de movimiento: mucha repetición y poco impacto.

Cómo frenarla

Las herramientas que más funcionan están al alcance de cualquiera y no requieren quirófano:

  • Fortalecer el cuádriceps. El músculo de la parte delantera del muslo es el amortiguador natural de la rodilla. Sentarse y levantarse de una silla, o extender la pierna sentado con una tobillera lastrada, son ejercicios sencillos y muy eficaces.
  • Ejercicio de bajo impacto. La bicicleta, la natación y caminar por terreno llano mueven la articulación sin castigarla.
  • Controlar el peso. Es la medida con mejor relación esfuerzo-resultado.

El dato que lo demuestra procede de un ensayo publicado en Arthritis & Rheumatism con 142 adultos con artrosis de rodilla: por cada kilo perdido, la carga que soporta la rodilla en cada paso baja unas cuatro veces más. Bajar cinco kilos equivale a quitarle a la articulación unos veinte en cada zancada, miles de veces al día.

La bicicleta mueve la rodilla sin castigarla: mucha repetición y poco impacto.

En las escaleras, además, la rodilla soporta varias veces el peso del cuerpo, y de ahí que sean el primer sitio donde se notan los avisos. Si el dolor se acompaña de bloqueos, de una hinchazón que no baja o de la sensación de que la rodilla falla, toca visita al traumatólogo: son señales de que hay algo más que desgaste.

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