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Albóndigas bajo un manto de queso: salsa de tomate, carne jugosa y mozzarella, la cena que te pedirán repetir

Las albóndigas en salsa son cocina de abuela en toda España, y esta versión les añade lo único que les podía faltar: una capa de mozzarella fundida y dorada por encima. Se sirven en la misma fuente en la que se hornean, y la fuente vuelve a la cocina vacía.

Albóndigas en salsa de tomate: la base de la fuente que luego se cubre de mozzarella.
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La receta es para una fuente grande, con un kilo de carne. Da para una familia o para dos cenas, y las albóndigas se congelan muy bien.

Los ingredientes

Para una fuente grande, de seis raciones:

  • 1 kg de carne picada, mejor mixta de ternera y cerdo.
  • 180 g de cebolla picada muy fina.
  • 2 huevos.
  • 80 g de pan rallado.
  • 10 g de ajo (unos 3 dientes), sal y pimienta negra.
  • Para la salsa: 800 g de tomate triturado, 40 g de concentrado de tomate, 150 g de cebolla, 10 g de ajo, sal y pimienta.
  • Para gratinar: 300 g de mozzarella rallada.

La mezcla de ternera y cerdo tiene su motivo. La ternera aporta sabor y la grasa del cerdo es la que mantiene la albóndiga jugosa: con ternera sola salen más secas y compactas.

Queso rallado: funde, se estira y se dora sin encharcar la fuente.

Paso a paso

  1. Mezcla la carne con la cebolla, el ajo, los huevos, el pan rallado, sal y pimienta, y amasa bien.
  2. Forma albóndigas pequeñas y del mismo tamaño, para que se hagan todas a la vez.
  3. Dóralas en una sartén por todos los lados. No hace falta que se cocinen por dentro.
  4. Para la salsa, sofríe la cebolla y el ajo picados hasta que estén blandos. Añade el concentrado, rehógalo un minuto y vierte el tomate triturado. Salpimienta y deja cocer unos 10 minutos, hasta que espese.
  5. Vierte la salsa en una fuente de horno y coloca las albóndigas encima.
  6. Hornea a 190 °C durante 20 minutos.
  7. Saca la fuente, cubre con la mozzarella y hornea 10 minutos más.

Ese minuto de concentrado en el sofrito, antes de añadir el tomate, es el que le quita a la salsa el sabor a lata y le da un fondo tostado. Si el tomate sale muy ácido, una pizca de azúcar lo equilibra.

Para el gratinado, mejor la mozzarella rallada de bolsa que la fresca en bola. La fresca lleva mucha agua, la suelta en el horno y deja la salsa aguada; la rallada funde, se estira y se dora sin encharcar la fuente.

Los 10 minutos finales bastan para fundirla y dorarla por encima. Si se quiere una costra más tostada, los dos últimos minutos con el grill del horno encendido hacen el resto.

Para servir y para guardar

Esta fuente pide pan, uno de corteza crujiente para mojar en la salsa, y poco más: una ensalada verde la acompaña sin competir. También funciona sobre un plato de pasta corta o un puré de patata.

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Si quieres adelantar trabajo, las albóndigas doradas se pueden congelar antes de hornear. El día que toque cenarlas, se descongelan, se colocan sobre la salsa y se sigue la receta desde el horno. La mozzarella, eso sí, siempre recién puesta.

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