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Albóndigas a la italiana con corazón de mozzarella en salsa de tomate y nata: tiernas y jugosas

Hay un momento en esta receta que justifica todo lo demás: cuando partes la albóndiga con el tenedor y el queso fundido se estira desde el centro. En casa suele terminar en drama, con la mozzarella escapada a la salsa y la carne seca.

Albóndigas al horno en salsa de tomate y nata, sin freír ni una.
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Las dos cosas se evitan con un par de detalles. Esta versión usa carne picada de pollo, más ligera que la de ternera, y la mantiene jugosa con un sofrito de cebolla y zanahoria dentro de la masa. Todo se termina en el horno, sin freír ni una sola albóndiga.

Los ingredientes

Para unas 20 albóndigas, cena para cuatro:

  • Para la masa: 500 g de carne picada de pollo, 1 huevo, 1 cebolla pequeña, 1 zanahoria y 4 cucharadas de pan rallado.
  • Para el corazón: perlas de mozzarella, una por albóndiga.
  • Para la salsa: 3 cucharadas de tomate frito, 4 cucharadas de nata para cocinar y 400 ml de agua o caldo de pollo.
  • Además: sal, pimienta negra y un poco de aceite.

La zanahoria rallada no está de adorno. Aporta humedad y un punto dulce a una carne muy magra, que es justo lo que le falta al pollo para no quedar como suela.

Perlas de mozzarella: bien secas y frías, el queso se queda dentro.

Paso a paso

  1. Sofríe la cebolla picada fina y la zanahoria rallada en un poco de aceite, 5-7 minutos, hasta que estén blandas. Deja que se templen.
  2. Mezcla la carne con las verduras, el huevo y el pan rallado, salpimienta y deja reposar la masa 10 minutos: el pan rallado absorbe el exceso de líquido y la masa se deja trabajar mejor.
  3. Con las manos mojadas, aplana una porción de masa, pon una perla de mozzarella en el centro y cierra la carne alrededor hasta formar una bola sin grietas.
  4. Coloca las albóndigas en una fuente de horno, en una sola capa.
  5. Mezcla el tomate frito, la nata y el agua con una pizca de sal y vierte la salsa por encima.
  6. Hornea a 190 °C durante 30-35 minutos, hasta que la salsa espese y el queso se haya fundido por dentro.

En el horno, el líquido de la salsa se reduce y cuece las albóndigas a fuego suave por abajo mientras se doran por arriba. Por eso salen tiernas sin necesidad de sartén.

El queso es donde fallan casi todas las versiones caseras. Las perlas de mozzarella vienen en suero: sécalas bien con papel de cocina antes de usarlas, y si las metes 15 minutos en el congelador, tardarán más en fundirse y se quedarán dentro de la albóndiga en lugar de buscar la salida.

El tomate, la nata y el punto de cocción

El tomate frito cumple aquí una doble función: da color y aporta un punto dulce que equilibra la nata. Si se usa caldo de pollo en vez de agua, la salsa gana mucho cuerpo sin añadir un solo ingrediente más a la lista de la compra.

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Con el pollo no hay término medio que valga: tiene que quedar hecho del todo, sin rastro rosado en el centro. Si las albóndigas son más grandes de lo normal, mejor añadir cinco minutos de horno que quedarse corto.

En esta receta, la salsa hace el trabajo de cocción. Si la fuente se queda casi seca antes de tiempo, un chorrito de agua caliente la devuelve a la vida.

Se sirven con arroz blanco, puré de patata o pasta corta, y con pan, porque la salsa lo va a pedir. Las que sobren aguantan dos o tres días en la nevera, mejor guardadas dentro de su salsa, y se recalientan en el microondas o a fuego suave en un cazo sin perder nada de jugosidad.

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