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3 miniseries históricas famosas por su fidelidad a la época: entre ellas, la adaptación de una novela de Jane Austen

Hay series de época donde el pasado es un decorado, y hay unas pocas donde es un personaje más. Estas tres pertenecen al segundo grupo, y las tres envejecen mejor que la mayoría de lo que se estrena cada mes.

Elizabeth y Jane Bennet en 'Orgullo y prejuicio' (BBC, 1995).
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'Hermanos de sangre' (Band of Brothers, 2001)

La miniserie de HBO sobre la Compañía Easy, producida por Steven Spielberg y Tom Hanks, sigue siendo el listón del género bélico. Su rigor no salió gratis: se basó en el libro del historiador Stephen Ambrose, construido sobre entrevistas con los propios veteranos, y varios de ellos aparecen al inicio de los episodios recordando lo que la ficción está a punto de mostrar.

La Compañía Easy en 'Hermanos de sangre'.

Los actores pasaron por un campamento de instrucción real de diez días antes de rodar, y el detalle llega hasta el equipamiento: uniformes, armas y hasta la jerga de los paracaidistas del 506.º regimiento se reconstruyeron pieza a pieza.

Ojo a la licencia que los propios veteranos señalaron: algunos hechos se atribuyen a soldados que no estuvieron allí, porque condensar una compañía entera en diez horas obliga a fundir personas en personajes. La textura es impecable; el reparto exacto de méritos, no siempre.

'Chernobyl' (2019)

La miniserie de HBO sobre la catástrofe nuclear de 1986 se ganó un elogio difícil: a los espectadores que vivieron la URSS les resultó dolorosamente reconocible. Ropa, interiores, gafas, ceniceros, vasos de granizado: la producción compró atrezo soviético auténtico por media Europa del Este y rodó en una central nuclear lituana real, gemela de la de Chernóbil.

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El resultado es una reconstrucción tan precisa del cómo se veía aquello que casi distrae de sus licencias dramáticas, que las tiene y gordas.

Traducción: la física está simplificada y la científica Ulana Khomyuk ni siquiera existió — es un personaje que condensa a decenas de científicos reales, y la propia serie lo admite en los rótulos finales. Fidelidad a la época no es lo mismo que fidelidad al expediente: Chernobyl clava la primera y se toma libertades con la segunda.

'Orgullo y prejuicio' (1995)

La adaptación de la BBC de la novela de Jane Austen, con Jennifer Ehle y Colin Firth, lleva treinta años siendo la vara de medir de todas las demás. Seis episodios que respetan la estructura del libro de 1813 casi capítulo a capítulo, con bailes coreografiados según los manuales de la Regencia, vestuario cortado con patrones de época y diálogos que son Austen casi sin diluir.

Es, probablemente, la razón por la que media generación cree saber cómo era la Inglaterra de 1813 sin haber leído una página de la novela.

La ironía es que su escena más famosa es inventada: el chapuzón de Mr. Darcy en el lago no aparece en el libro. La adaptación más fiel de Austen pasó a la historia por los cinco minutos en los que decidió no serlo — y Austen, que sabía un par de cosas sobre la vanidad humana, probablemente lo habría encontrado divertidísimo.

Las tres miniseries comparten una lección que el género olvida a menudo: el rigor no está reñido con el espectáculo. Está reñido con la pereza, que es otra cosa.

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