¿Se puede dejar la tele encendida todo el día? La eterna discusión por fin tiene respuesta
En media España hay una tele que no se apaga nunca. Está de fondo mientras se cocina, mientras se plancha y mientras nadie la mira, y alrededor de ella llevan años discutiendo las mismas dos personas: la que dice que «hace compañía» y la que va detrás apagándola.

Contenido del artículo
La respuesta corta: sí, se puede, no va a pasar nada dramático. La respuesta completa tiene tres facturas, y conviene conocerlas antes de elegir bando.
Te puede interesar: En dos semanas, 156 millones de visualizaciones: esta serie de Netflix bate récords pese al 52% de valoración de los espectadores
Factura uno: el dinero
Una tele moderna de 55 pulgadas consume en torno a 77-100 vatios encendida, según mide la propia Endesa, y más si es grande o reproduce contenido HDR.

La aritmética del "todo el día" sale así: unas 2-2,5 kWh diarias si está encendida las 24 horas, que al precio medio actual de la luz se traducen en unos 10-12 euros al mes. Al año, la tele de compañía cuesta entre 100 y 140 euros; la que se enciende solo para verse, tres o cuatro horas al día, entre 15 y 25.
Traducción: el hábito cuesta unos 100 euros al año. No arruina a nadie, pero es un dato curioso para una pantalla que la mitad del tiempo mira al sofá vacío. El standby, en cambio, es inocente: medio vatio, menos de un euro al año.
Factura dos: el desgaste
Las teles no mueren de viejas, mueren de horas. La retroiluminación LED de un panel está diseñada para decenas de miles de horas de uso; parece infinito hasta que se divide.
- Uso normal (4 horas al día): unas 1.500 horas al año. El panel da para décadas, y antes se quedará anticuado que roto.
- Encendida siempre: 8.760 horas al año. La misma tele quema su vida útil seis veces más rápido, y lo primero que se nota es pérdida de brillo.
- Si es OLED, atención extra: los elementos estáticos — el logo del canal, el rótulo permanente del canal de noticias — pueden acabar marcándose en el panel. El famoso burn-in no sale de ver películas; sale justamente de tener siempre puesto el mismo canal de fondo.
Factura tres: la de la cabeza
La tele de fondo no es neutra. Fragmenta la atención en lo que se esté haciendo, encarece las conversaciones — todo el mundo habla por encima de ella — y alarga las sobremesas hacia ninguna parte. Y la versión nocturna es peor: dormirse con la tele puesta significa luz y sonido variable durante horas en la habitación, que es lo contrario de lo que pide un sueño decente.
Ojo al matiz que reconcilia a las dos personas de la discusión: casi todo lo que da la tele de compañía — voz humana, sensación de casa habitada — lo da igual la radio o un altavoz con un pódcast, por 3 vatios en vez de 100. La compañía era el audio; la pantalla estaba de adorno.
El veredicto
Se puede, y a quien le haga la vida más amable, adelante: hay personas mayores para las que ese murmullo es media casa. Pero que sea una decisión y no una inercia, y con dos ajustes que regala el propio televisor: el temporizador de apagado para la noche y el apagado automático por inactividad, que está de serie en casi todos los modelos y casi nadie activa. La tele seguirá haciendo compañía; solo aprenderá a callarse cuando ya no la escucha nadie.
Anteriormente escribimos: Dos o tres gotas en el rollo de papel y en 5 minutos el baño huele a hotel de lujo: mejor que un ambientador comprado