La herramienta analiza movimientos sutiles del cuerpo que suelen pasar desapercibidos en una consulta convencional. A través de esta tecnología, es posible detectar alteraciones motoras en fases muy iniciales, sin necesidad de pruebas invasivas ni procedimientos complejos.
El sistema funciona mediante la emisión de ondas de radiofrecuencia y el análisis de su eco, utilizando el efecto Doppler. Con ello, mide parámetros como la longitud de la zancada, la velocidad de los pies, el movimiento del tronco o el balanceo de los brazos. Estos datos permiten identificar patrones asociados a las primeras fases del párkinson.
El equipo de Neurología del hospital ya ha comprobado que el radar puede diferenciar entre personas sanas y pacientes diagnosticados, con un nivel de precisión comparable al de otras técnicas. Además, su formato facilita que pueda integrarse en contextos cotidianos, sin depender de entornos clínicos complejos.
Actualmente, el estudio incluye tres grupos: personas con riesgo de desarrollar la enfermedad, pacientes diagnosticados y voluntarios sanos. Los primeros resultados apuntan a que las alteraciones en la marcha aumentan progresivamente, lo que refuerza el potencial del sistema como herramienta de diagnóstico precoz.
En España, más de 200.000 personas conviven con el párkinson, una cifra que convierte este avance en especialmente relevante para el sistema sanitario. Detectar la enfermedad antes de que se manifieste puede cambiar la forma de tratarla y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Este tipo de tecnología puede facilitar diagnósticos más rápidos y accesibles, reduciendo la necesidad de pruebas complejas y mejorando la atención en el sistema público. El proyecto seguirá en fase de estudio, pero abre la puerta a incorporar herramientas similares en hospitales de la ciudad en los próximos años.