¿La mampara siempre con cal por mucho que frotes? La mezcla de los expertos lleva tres cosas de casa
La mampara de la ducha tiene una injusticia incorporada: es lo primero que se ve del baño y lo último que queda limpio. Frotas, brilla diez minutos y a la semana siguiente el velo blanco está de vuelta.

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El motivo de que no haya producto que le dure es que ahí no hay una mancha, hay dos. La mezcla que proponen los expertos en limpieza ataca las dos a la vez, y por eso funciona donde el limpiacristales fracasa.
Dos enemigos, dos armas
Sobre el cristal conviven la cal del agua — esas gotas blancas minerales — y la película grasa que dejan geles y champús. Son suciedades de naturaleza opuesta: la primera se disuelve con ácido, la segunda con jabón. Un producto que solo lleve una de las dos armas limpia la mitad del problema, y la mitad que queda sigue poniendo el cristal turbio.

De ahí las proporciones de la fórmula casera:
- 120 ml de vinagre blanco: el ácido acético disuelve la cal y, de paso, se lleva bacterias.
- 60 ml de lavavajillas: el desengrasante que rompe la película de jabón y gel.
- 120 ml de agua: la base que lo une y diluye todo.
Un truco pequeño que suma eficacia: calentar ligeramente el vinagre antes de mezclar, unos segundos de microondas bastan. Después, todo al pulverizador con ayuda de un embudo — primero el agua, luego el lavavajillas, el vinagre al final — y agitar con la botella bien cerrada.
Traducción: acabas de fabricar por céntimos lo que el supermercado vende como "antical para mamparas". La diferencia de precio está en la etiqueta, no en la química.
Cómo se aplica
Se rocía el cristal con generosidad, se deja actuar unos minutos para que el ácido trabaje — frotar en seco es malgastar brazo — y se repasa con esponja o paño. Después, aclarado y, muy importante, secado final: el agua que se queda en el cristal es la cal de la semana que viene.
Ojo a dónde NO va esta mezcla: el vinagre ataca la piedra natural, así que nada de rociar alegremente si el plato de ducha o la pared son de mármol o travertino. Tampoco conviene dejarlo actuar largo sobre perfiles de aluminio. Y la regla sagrada de siempre: jamás mezclar vinagre con lejía, porque la combinación libera gases tóxicos.
El secreto de que no vuelva
La mezcla resuelve la limpieza; la prevención la resuelve un accesorio de tres euros. Pasar el haragán — la rasqueta de goma — por el cristal justo después de cada ducha retira el agua antes de que sus minerales se sequen encima. Son veinte segundos, y es la diferencia entre limpiar la mampara cada semana o mirarla con orgullo durante un mes.
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El otro punto a vigilar son las esquinas inferiores, donde la humedad permanente cría moho con silencio y constancia. Un repaso al secar y ventilar el baño un rato tras la ducha completan el mantenimiento. El pulverizador, mientras tanto, aguanta listo bajo el lavabo para la siguiente ronda.
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