En el Hayedo de Montejo, los rayos de sol se cuelan entre las copas hasta el cauce del río Jarama.
Es uno de los siete paisajes que permiten cambiar la ciudad por una caminata otoñal. La selección incluye rincones de la Comunidad de Madrid y espacios de Ávila y Guadalajara.
Hayedos y otros bosques de color
El Hayedo de Montejo, en Montejo de la Sierra, es el único hayedo de la Comunidad de Madrid y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus hayas pasan del amarillo pálido al rojo fuego. Para la cámara, el musgo y los helechos junto al río ofrecen un primer plano entre sombras y luz filtrada.
En el Hayedo de Tejera Negra, en Cantalojas, los senderos serpentean entre hojarasca roja y hayas de troncos plateados cubiertos de líquenes verdes. Está en los límites con Guadalajara y es uno de los hayedos más meridionales de Europa. Para acceder hasta el interior del parque, es obligatorio reservar antes la plaza de aparcamiento en su web oficial.
El Bosque de Finlandia, en Rascafría, suma abedules y chopos plantados hace décadas. También hay abetos, que mantienen el verde entre el follaje amarillo. El embarcadero de madera junto al lago ofrece un reflejo del bosque sobre el agua; se llega a pie desde el Monasterio de El Paular por un paseo horizontal.
Rutas entre piedra y hojas
El Castañar de El Tiemblo queda en Ávila, a poco más de 50 minutos de Madrid por la M-501. «El Abuelo», un castaño centenario con un tronco de casi 20 metros de perímetro, es el árbol más reconocible del recorrido. El Ayuntamiento local regula el acceso de vehículos en otoño y cobra una pequeña tasa de mantenimiento por coche.
En el Puerto de Canencia, el Abedular de Canencia propone una ruta circular de unos 5 kilómetros y dificultad baja, con salida desde el aparcamiento. Los troncos blancos destacan sobre las hojas amarillas. La Chorrera de Mojonavalle añade una parada junto al agua.
La Senda de las Formas, en la Pedriza, cruza pinares y jaras entre grandes bloques de granito. El verde oscuro de los pinos contrasta con los matorrales cobrizos y la piedra gris.
El Valle de la Fuenfría, en Cercedilla, combina el paseo por la antigua calzada romana con el sonido de las hojas bajo los pasos. Los puentes de piedra y las pequeñas cascadas del arroyo de la Venta son puntos para detenerse. La ruta comienza en el Centro de Visitantes de Valle de la Fuenfría, donde hay aparcamiento, aunque se llena rápido los fines de semana.
Antes de salir con la cámara
Madrugar ayuda a encontrar aparcamiento y permite aprovechar la luz lateral de las primeras horas, entre las 8:30 y las 10:30. En el suelo húmedo, las hojas pueden ocultar barro y piedras resbaladizas: mejor llevar calzado impermeable.
La recolección también tiene límites. Está prohibido arrancar acebo o recoger sus frutos, esenciales para la fauna invernal, así como cortar ramas de árboles protegidos; hacerlo puede acarrear multas medioambientales.
La escapada forestal desde Madrid no se queda dentro de los límites de la comunidad. Dos propuestas cruzan a provincias vecinas: Ávila y Guadalajara. Los recorridos ofrecen maneras distintas de acercarse al paisaje de otoño. Conviene revisar las condiciones de acceso de cada espacio antes de ponerse en marcha.