Editorial

Barcelona · Actualidad local

¿Vas a dar pintura antigoteras este otoño? Casi todos cometen el mismo error — los expertos avisan de cómo va bien

Cada otoño se repite la misma escena: primera gotera, cubo de pintura impermeabilizante, rodillo, y la sensación del deber cumplido. Hasta la primavera, cuando la gotera vuelve por el mismo sitio.

La primera gotera del otoño: el aviso de que la azotea necesita repaso.
Legion-Media

Contenido del artículo

El motivo casi nunca es la pintura. Los expertos en bricolaje avisan de que el error está en lo que hay debajo: aplicar el producto sobre una superficie deteriorada y sin consolidar. La capa nueva tapa el problema una temporada, pero no agarra sobre una base que se deshace, y acaba levantándose con ella.

Primero, saber sobre qué pintas

Antes de abrir el bote toca un diagnóstico de cinco minutos. En el tutorial de Bricocrack que recogen los expertos, el orden es innegociable:

  1. Limpia a fondo. "Hay que retirar toda la suciedad de encima para poder trabajar en condiciones", resumen desde Bricocrack. Polvo, hojas y restos sueltos, fuera.
  2. Rasca lo que se mueve. Con una espátula, levanta la impermeabilización vieja que esté desprendida: ampollas, descascarillados, bordes sueltos. Todo lo que rascas ahora es pintura que no se despega después.
  3. Mira qué aparece debajo. Bajo las capas viejas puede haber mortero, chapa o productos asfálticos, y no todos los antigoteras agarran sobre todos los soportes. El bote lo dice en la letra pequeña.
  4. Consolida el mortero degradado. Este es el paso que casi todo el mundo se salta: una emulsión fijadora diluida en agua, en la proporción que marque el fabricante, empapa la superficie arenosa y la vuelve a cohesionar. Se deja secar del todo antes de pintar.

Traducción: la pintura antigoteras es una membrana, y una membrana vale lo que valga aquello a lo que está pegada. Sobre mortero suelto es dinero tirado con rodillo.

Las dos manos, cruzadas

Con el soporte firme y seco, la aplicación tiene su propia regla de oro: dos capas, y la segunda en dirección perpendicular a la primera. Así cada pasada cubre los huecos que la anterior dejó, y el espesor queda uniforme.

El rodillo es la parte fácil; el trabajo de verdad va antes.

En azoteas grandes, y sobre todo en los puntos conflictivos — encuentros con muros, chimeneas, sumideros y cualquier elemento vertical —, conviene embeber una malla de fibra de vidrio entre capa y capa. Esos encuentros son donde el movimiento del edificio trabaja, y donde la pintura sola acaba fisurándose.

Ojo al calendario y al cielo: la superficie tiene que estar seca y no debe haber lluvia prevista durante el secado. Pintar en octubre con el rocío de la mañana todavía encima, o con la tormenta anunciada para la tarde, es repetir el trabajo en noviembre. La ventana buena es un día templado, seco y sin sol de justicia.

La cuenta que sale a favor

Un bote de emulsión fijadora cuesta entre 10 y 20 euros y rinde muchísimo diluido. La pintura antigoteras, en cambio, es de lo más caro del estante, y la mano de obra de repetir el trabajo — o la de arreglar el techo del vecino de abajo — ya es otra categoría de factura.

Te puede interesar: Hasta 147 euros más al mes en tu pensión sin trabajar un día más: el extra que igual te corresponde y no estás cobrando

De todo el proceso, la fijadora es el único paso invisible: no se ve, no luce y nadie lo nota. Hasta que no está.

Anteriormente escribimos: Los pubs empiezan ahora su temporada fuerte, no en verano: «En agosto era casi mejor ni abrir», admiten los dueños