El impacto empezará a notarse especialmente en Cercanías. Renfe añadirá alrededor de dos millones de plazas extra y pondrá en circulación unos 2.000 trenes adicionales para absorber la llegada de peregrinos y visitantes. Habrá convoyes en doble composición, más frecuencias y unidades preparadas como reserva para responder a posibles picos de demanda.
La previsión es que el momento más delicado llegue durante el fin de semana. El sábado por la noche, la vigilia prevista en el entorno del Santiago Bernabéu y plaza de Lima podría reunir a unas 500.000 personas. Un día después, la gran misa en Cibeles aspira a congregar cerca de un millón de asistentes en pleno centro de Madrid.
El refuerzo no afectará solo a Cercanías. También se ampliarán servicios de media distancia y habrá descuentos especiales en trenes AVE y larga distancia para facilitar los desplazamientos desde otras ciudades españolas. Las autoridades esperan un movimiento constante de viajeros desde el viernes hasta el lunes.
A nivel de seguridad, el operativo será excepcional. El Gobierno prevé desplegar miles de agentes y unos 200 vigilantes adicionales en estaciones y trenes. El dispositivo definitivo se cerrará tras la Junta de Seguridad prevista para el 25 de mayo, aunque desde Delegación del Gobierno ya reconocen que será el mayor despliegue organizado hasta ahora en Madrid para un evento de este tipo.
Más allá de los actos religiosos, la visita transformará el ritmo habitual de la ciudad. Habrá controles de acceso, cortes puntuales de tráfico y una presión extra sobre Metro, autobuses y estaciones céntricas. Zonas como Sol, Cibeles, Chamartín o Nuevos Ministerios concentrarán buena parte del movimiento durante esos días.
Madrid ya ha vivido grandes movilizaciones en visitas papales anteriores, pero el contexto actual multiplica el reto logístico. La ciudad tendrá que combinar celebraciones masivas, turismo, movilidad diaria y seguridad en pleno arranque de junio, uno de los momentos con más actividad del año en la capital.