La demora media estructural se situó en 57 días, pero ese promedio esconde situaciones muy diferentes. Más de 16.600 pacientes acumulaban entre tres y seis meses de espera y 1.039 llevaban ya más de medio año aguardando una operación.
Para algunas familias, esos meses terminan condicionando mucho más que una fecha en el calendario. Dolores que impiden caminar con normalidad, tratamientos que se encadenan, bajas laborales o planes familiares aplazados convierten la espera sanitaria en una cuestión que termina entrando de lleno en la rutina doméstica.
También aparecen pacientes que deciden buscar una salida fuera del sistema público. Es el caso de personas que, después de meses pendientes de pruebas o intervenciones, recurren a ahorros o seguros para operarse en la privada y reducir unos plazos que consideran difíciles de asumir.
Madrid es, de hecho, la comunidad con mayor penetración del seguro sanitario privado. Según el último observatorio del sector, el 37,3% de la población dispone de uno, frente al 26,2% de media española. El dato refleja el peso creciente de la doble cobertura, aunque no permite concluir que todos esos seguros se contraten por las listas de espera.
La fotografía completa de julio tiene además un matiz. Mientras aumentaron las operaciones pendientes, el volumen total de citas en espera para cirugía, primeras consultas y pruebas diagnósticas descendió algo más de un 3% respecto a junio. La mejora se concentró precisamente en consultas y pruebas, no en los quirófanos.
La Comunidad de Madrid atribuye parte del crecimiento de la lista quirúrgica al aumento de población, a una mayor actividad diagnóstica y a pacientes que rechazan ser derivados a otro hospital o que temporalmente no pueden ser programados. Casi una cuarta parte del total se encuentra en alguna de estas dos últimas situaciones.
El sistema también arrastra el impacto de las huelgas médicas de los últimos meses. La propia Consejería cifró en junio en más de 18 millones de euros su efecto y contabilizó entonces más de 11.000 cirugías suspendidas, además de cientos de miles de consultas y pruebas aplazadas.
El dato de julio deja así dos velocidades distintas en la sanidad madrileña: menos citas pendientes en términos globales, pero más personas esperando específicamente una operación que nunca antes. Para quien está dentro de esa lista, la estadística se traduce en algo mucho más concreto: otra semana mirando el teléfono a la espera de que llegue por fin la llamada del hospital.