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La Diócesis de Getafe pone fin a una comunidad religiosa tras denuncias de abusos

La Diócesis de Getafe disuelve una comunidad religiosa tras denuncias de abusos. La decisión impacta a quienes vivían y se formaban juntos. El caso reabre el debate sobre el control interno en instituciones eclesiásticas.

Ginés García Beltrán, obispo diocesano y el Papa Francisco.
Foto por ElPaisMadrid
Por · Madrid ·
Ginés García Beltrán, obispo diocesano y el Papa Francisco.

La noticia ha sacudido a quienes siguen de cerca la vida religiosa en Madrid y alrededores: la Diócesis de Getafe ha decretado la supresión de los Hermanos del Amor Misericordioso, una comunidad que llevaba años bajo sospecha por denuncias de abusos sexuales, de poder y de conciencia. La decisión llega tras meses de presión y testimonios de más de una treintena de personas que aseguran haber sufrido prácticas de aislamiento, castigos físicos y manipulación psicológica dentro del grupo.

El cierre no es inmediato, pero marca un antes y un después para los sacerdotes, diáconos y seminaristas que desde 2008 compartían vida y formación en Serranillos del Valle. Ahora, cada uno deberá buscar su propio camino, ya sea en otros seminarios, congregaciones o comunidades. La diócesis ha comunicado que ofrecerá acompañamiento, aunque no ha detallado cómo se gestionará la transición ni ha fijado plazos concretos.

La medida se produce poco después de que la Archidiócesis de Madrid suprimiera la rama femenina, las Hijas del Amor Misericordioso, tras una investigación eclesiástica que consideró inviable su continuidad. En ambos casos, las denuncias apuntaban a dinámicas sectarias, control absoluto sobre la vida de los miembros y promesas incumplidas sobre vocaciones religiosas. Los relatos de víctimas incluyen desde la revisión de correos electrónicos y teléfonos hasta la entrega de instrumentos para autocastigos físicos, pasando por advertencias de que el pensamiento crítico era obra del demonio.

El obispado de Getafe ha evitado mencionar explícitamente las denuncias en su comunicado, limitándose a hablar de un “tiempo prolongado de reflexión y acompañamiento”. Sin embargo, antiguos miembros y sus representantes legales consideran que la supresión es una consecuencia lógica de años de permisividad y falta de control. El abogado de varias víctimas advierte que ordenar sacerdotes formados en este entorno sin un proceso de “descodificación” sería una temeridad.

La reacción de la diócesis ha sido recibida con escepticismo por quienes vivieron dentro del grupo. Critican la falta de autocrítica y la ausencia de disculpas públicas, señalando que la Iglesia ha tardado demasiado en actuar y que aún quedan preguntas sin respuesta sobre el futuro de quienes recibieron su formación en este contexto.

El caso de los Hermanos del Amor Misericordioso pone sobre la mesa la dificultad de controlar comunidades religiosas no reconocidas oficialmente y la necesidad de mecanismos más ágiles para detectar y frenar dinámicas abusivas. Aunque la diócesis insiste en que no emite un juicio negativo sobre la vocación de los afectados, la realidad es que la vida en común se disuelve y la casa de Serranillos del Valle deja de ser un referente para quienes buscaban allí su futuro religioso.

En la sierra de Guadarrama y en municipios del sur de Madrid, la presencia de comunidades religiosas ha sido parte del paisaje social durante décadas. Muchas de estas asociaciones nacen con vocación de servicio y espiritualidad, pero la falta de reconocimiento canónico puede dejar a sus miembros en una situación de vulnerabilidad. La experiencia reciente demuestra que la vigilancia interna y la transparencia siguen siendo retos pendientes para la Iglesia en la región.

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