La muestra podrá visitarse del 16 de septiembre al 8 de noviembre en Avenida de América y forma parte de Circuitos 2026, una de las convocatorias más veteranas de apoyo a artistas jóvenes de la Comunidad de Madrid. La entrada será libre y gratuita durante todo el periodo.
El recorrido mezcla dibujo, escultura, instalación, pintura expandida y piezas vinculadas a datos y tecnología. Diego Lara trabaja con formas vegetales; Sonsoles Masiá recupera saberes etnobotánicos; y Juan Pablo Pacheco utiliza el río Manzanares como punto de partida para hablar de paisaje, agua y sistemas tecnológicos.
Ana Daganzo se mueve entre fosfenos, errores digitales y percepción visual, mientras Romina Casile traslada experiencias laborales y gestos manuales al terreno de la escultura y la performance. En todos los casos, el visitante encuentra rastros del proceso y no únicamente una pieza aislada sobre una pared o una peana.
La memoria aparece también como hilo conductor. Lucía Gutiérrez transforma el estudio en una especie de diario pictórico, mientras Dandara Catete se fija en las huellas que deja el tiempo sobre viviendas y espacios urbanos, desde manchas de humedad hasta superficies desgastadas.
La tecnología ocupa otro de los frentes de la exposición. Valeria Landete y Pedro Núñez, desde Estudio POLARI, convierten datos sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial en material artístico. Pablo Quesada trabaja con la tensión entre fragilidad y resistencia y Verónica Márquez lleva la pintura hacia formatos que funcionan casi como poemas instalados en el espacio.
La Sala de Arte Joven abrirá de martes a sábado de 11 a 14 horas y de 17 a 20.30, mientras los domingos podrá visitarse únicamente por la mañana. La estación de Avenida de América, conectada con las líneas 4, 6, 7 y 9 de Metro y numerosas líneas de autobús, deja el espacio a pocos minutos a pie.
La apertura del 16 de septiembre incluirá además actividades específicas y durante la exposición podrán organizarse visitas para grupos. La propuesta convierte así una sala relativamente pequeña del barrio de Salamanca en un lugar donde mirar el arte desde dentro: no como algo que aparece terminado, sino como una sucesión de pruebas, dudas, errores y decisiones que normalmente nunca llegan a exponerse.