Las aulas TEA funcionan dentro de colegios e institutos ordinarios y atienden a grupos reducidos de alumnado con trastorno del espectro autista. Los menores pasan parte de su jornada en estos espacios con metodologías adaptadas y profesionales especializados, por lo que familias y sindicatos consideran especialmente importante mantener referentes conocidos y rutinas estables.
La Consejería de Educación señala que para el curso 2026-2027 recibió 373 solicitudes de comisión de servicio vinculadas a estas aulas y que únicamente rechazó 28, el 7,5%. Según su versión, las denegaciones responden al incumplimiento de los requisitos establecidos y la normativa se ha aplicado de manera estricta.
Los afectados, sin embargo, cuestionan que el criterio haya sido uniforme. Algunos profesores que llevan años trabajando en el mismo recurso no continuarán, mientras otros con una trayectoria similar sí han obtenido autorización. CSIF y CCOO han pedido revisar los casos y advierten de que sustituir de golpe a los profesionales puede romper vínculos educativos construidos durante años.
La preocupación se ha hecho visible en centros de Torrejón de Ardoz, Fuenlabrada o Arganda del Rey. Algunas familias aseguran que conocieron el cambio durante las vacaciones, cuando ya había poco margen para preparar a sus hijos antes de septiembre o facilitar una transición entre el antiguo y el nuevo docente.
El problema resulta especialmente sensible porque muchos alumnos con autismo necesitan anticipación ante los cambios. Padres y madres temen que comenzar el curso con una persona desconocida pueda traducirse en ansiedad, rechazo a acudir al centro o pérdida temporal de rutinas y avances conseguidos durante los últimos años.
La presión ya ha provocado rectificaciones puntuales. Centros de Parla como La Paloma, Clara Campoamor y Miguel Hernández, además del Juan de la Cierva de Fuenlabrada, han conseguido mantener a algunos profesionales después de las reclamaciones de familias, docentes y sindicatos. Los demás afectados reclaman ahora el mismo tratamiento.
La Comunidad cuenta con más de 900 aulas TEA, un modelo que comenzó a implantarse en el curso 2001-2002 y que ha crecido de forma notable desde entonces. El debate de este verano no cuestiona tanto la continuidad de esos recursos como quién estará dentro cuando vuelvan los alumnos.
A pocos días de septiembre, la incertidumbre permanece en varias casas y centros educativos. Para muchas familias, el comienzo de curso no dependerá solo de horarios, libros o nuevas clases, sino de una pregunta mucho más concreta: si al abrir la puerta del aula estará esperando la persona con la que sus hijos aprendieron a sentirse seguros.