Cinco inmuebles concentran 850 pisos y otros siete suman 700. Así se distribuyen las dos carteras que Brookfield negocia vender en Madrid.
El importe podría superar los 350 millones de euros, aunque la cifra definitiva todavía se desconoce. La operación no está cerrada: las conversaciones incluyen a un fondo asiático y a un grupo inversor familiar español. Brookfield ha declinado hacer comentarios.
La estrategia supone acelerar la salida de parte de los activos. Brookfield había contemplado vender las viviendas una a una, fórmula conocida en el sector como «privatización», en lugar de conservarlas a largo plazo como negocio de alquiler. Para gestionar los arrendamientos y vender individualmente las viviendas vacías, el fondo se ha aliado con Clikalia.
Las viviendas proceden de una cartera mayor: unas 5.000 unidades que Brookfield compró en abril a Blackstone por 1.050 millones de euros. El paquete está vinculado a la inmobiliaria Fidere. La operación fue una de las grandes transacciones del sector residencial de este año.
El destino de quienes viven en los doce edificios no está detallado. Según fuentes del sector consultadas por Cinco Días, la incertidumbre regulatoria genera dudas sobre el cierre de operaciones residenciales.
La venta en bloque concentra la negociación en carteras completas, mientras la «privatización» planteada por Brookfield contempla ofrecer pisos individualmente. Clikalia se ocupa de la gestión de los alquileres y de vender las viviendas que quedan vacías. La información disponible no concreta cambios para los inquilinos de estos edificios. En otro ámbito de los servicios residenciales madrileños, la prórroga de contratos mantendrá la atención a 720 personas con discapacidad hasta mediados de 2027.