Su tamaño permite recibir a artistas que ya han superado el circuito de clubes, pero que buscan mantener una relación más cercana con el público que en un pabellón de mayores dimensiones. Por su escenario han pasado propuestas de rock, pop, música urbana, electrónica y otros géneros, tanto de la escena nacional como internacional.
El recinto destaca también por su configuración flexible, que puede adaptarse a diferentes montajes y tipos de espectáculo. Esa versatilidad lo ha convertido en una parada frecuente de giras y en sede de festivales, fiestas y eventos culturales.
Ubicado en el entorno de la Anella Olímpica, el Sant Jordi Club comparte paisaje con algunos de los edificios más reconocibles del Montjuïc olímpico. Para muchos músicos, actuar allí representa además un cambio de categoría: ese momento en el que una sala empieza a quedarse pequeña y el siguiente gran escenario ya está esperando.