La plataforma Collserola Oberta reclama más transparencia, resultados medibles y un calendario de reapertura. Sus integrantes no cuestionan la existencia del brote, pero consideran que las limitaciones deberían revisarse según la evolución de cada zona y permitir usos controlados donde el riesgo sea menor.
El malestar quedó patente en una marcha celebrada en Cerdanyola del Vallès, donde unas 200 personas entraron en una pista forestal restringida. La movilización mostró hasta qué punto el cierre afecta a caminantes, ciclistas y vecinos que utilizaban el parque como espacio cotidiano para hacer deporte y descansar.
Sant Cugat ha elevado también la presión institucional. Su alcalde, Josep Maria Vallès, recuerda que alrededor de 5.000 vecinos utilizaban Collserola cada día y pide compatibilizar la lucha contra el virus con aperturas parciales en espacios como Pi d’en Xandri, Torrenegra o el bosque de Volpelleres.
La polémica aumentó después de que se autorizara un rodaje cinematográfico en una zona boscosa mientras continuaba prohibido el acceso habitual de los residentes. El consistorio considera que esa excepción demuestra que pueden establecerse protocolos para determinados usos sin levantar todas las restricciones.
El cierre ha obligado además a transformar celebraciones y actividades infantiles. Sant Medir tuvo que adaptar su recorrido al entorno urbano y la marcha infantil prevista para octubre tampoco podrá utilizar sus caminos habituales. Entidades sociales han sustituido excursiones por propuestas dentro de la ciudad.
La Generalitat mantiene las limitaciones en 19 municipios por motivos sanitarios y de seguridad. El dispositivo continúa capturando jabalíes mediante trampas y armas, por lo que la presencia de visitantes en determinadas zonas podría poner en riesgo tanto a los equipos como a quienes accedieran al bosque.
Desde el comienzo del brote se han analizado más de 10.000 jabalíes y 373 han dado positivo. Agricultura sostiene que las medidas responden a criterios técnicos y que el movimiento de personas, bicicletas o vehículos podría contribuir a transportar material contaminado fuera del perímetro.
La escena deja caminos cerrados, actividades desplazadas al asfalto y una ciudadanía que pierde la paciencia. El reto será encontrar una reapertura gradual que devuelva parte del uso social a Collserola sin facilitar la expansión de una enfermedad que todavía no está controlada.