La actuación ha renovado unos 15.000 metros cuadrados y ha supuesto una inversión cercana a los siete millones de euros. Las aceras alcanzan ahora una anchura media de 4,35 metros a cada lado, casi dos metros más que antes, facilitando los desplazamientos a pie entre Sant Gervasi-Galvany y el Farró.
También cambia la circulación. Balmes pasa de cuatro a tres carriles: dos en sentido ascendente, uno de ellos reservado para autobuses y taxis, y uno en sentido descendente. La nueva configuración busca mantener la capacidad de transporte público mientras se gana espacio para peatones.
La reforma incorpora nuevos pasos de peatones para mejorar las conexiones entre ambos lados de la calle, especialmente en puntos próximos a equipamientos como la escuela Poeta Foix. El objetivo es reducir el efecto de barrera que generaba una vía tradicionalmente dominada por el tráfico.
La ampliación de las aceras permitirá plantar 102 nuevos árboles. Una parte de los ejemplares del lado Llobregat se incorporará durante el otoño, cuando bajen las temperaturas y las condiciones sean más adecuadas para garantizar su supervivencia.
Las obras comenzaron en otoño de 2024, aunque la transformación de este tramo llevaba muchos años sobre la mesa. El proyecto había pasado por diferentes gobiernos municipales antes de recuperarse definitivamente y entrar en ejecución.
Con Balmes terminada, Barcelona cierra una de sus reformas urbanas más largas y visibles en la zona alta. Los vecinos recuperan una calle con más espacio para caminar y cruzar, mientras la ciudad avanza ahora hacia la finalización de otras grandes intervenciones como la Meridiana, el colector de Vila i Vilà y la transformación de La Rambla.