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Autónomos y taxistas llevan su malestar fiscal al centro de Barcelona

El centro de Barcelona ha vuelto a escuchar el malestar de los autónomos. Este domingo, taxistas y otros trabajadores por cuenta propia han salido a la calle para denunciar una presión fiscal y burocrática que consideran insostenible. La movilización ha formado parte de una jornada estatal convocada en 22 provincias por la Plataforma por la Dignidad de los Autónomos 30N y CEPA.

Los manifestantes en una imagen de esta mañana en Barcelona

Por · Barcelona ·
Los manifestantes en una imagen de esta mañana en Barcelona

La marcha barcelonesa estaba convocada a las 11:00 en los Jardinets de Gràcia, desde donde los participantes tenían previsto avanzar hacia la plaza de Sant Jaume pasando por Pau Claris y Via Laietana. El lema elegido, “Por una legislación propia, por una voz propia”, resume una de las principales demandas del colectivo: tener más capacidad de representación en las decisiones que afectan a su actividad diaria.

Los convocantes denuncian lo que llaman una situación de “asfixia fiscal”, agravada por cuotas, impuestos, trámites y una sensación de incertidumbre constante. Su mensaje no se dirige solo a un sector concreto, aunque el taxi haya tenido una presencia visible en Barcelona. La protesta busca agrupar a pequeños negocios, profesionales independientes y trabajadores que sostienen buena parte de los servicios cotidianos de la ciudad.

CEPA, liderada por Daniel Vosseler, ha asumido la convocatoria principal en Barcelona, mientras que la Plataforma 30N ha coordinado buena parte de la organización en el resto del territorio. La alianza entre ambas entidades intenta dar más fuerza a un movimiento que lleva meses denunciando que el modelo actual no protege suficientemente a quienes trabajan por cuenta propia.

Entre las reivindicaciones aparecen reformas legales, mayor protección social, una fiscalidad más ajustada a los ingresos reales y menos cargas administrativas. Los autónomos sostienen que no basta con pequeñas ayudas o anuncios puntuales: reclaman una revisión más profunda del sistema para evitar que cerrar un negocio o abandonar la actividad se convierta en una salida cada vez más frecuente.

En Barcelona, la protesta tiene una lectura muy urbana. El taxi, los comercios pequeños, los talleres, los servicios profesionales y muchos negocios de barrio funcionan como una red invisible que mantiene viva la ciudad más allá de las grandes empresas. Cuando ese tejido se siente ahogado, el impacto no queda dentro de un sector: se nota en la movilidad, en los precios, en la atención al cliente y en la vida de los barrios.

La movilización de este domingo no resuelve el conflicto, pero sí vuelve a colocar una pregunta sobre la mesa: qué margen real tienen los autónomos para sostener su actividad en una ciudad cara, competitiva y cada vez más regulada. Barcelona depende mucho de ellos, aunque a menudo solo los vea cuando paran, protestan o salen a la calle.

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Miriam Lado
Miriam Lado
Editora cultural, periodista
Publicado ID48627