La entrada será gratuita y cada degustación costará 6 euros, una fórmula que permite acercarse a la alta cocina sin reserva, sin mantel largo y sin pagar una cuenta de restaurante. Este año participan 30 restaurantes y seis pastelerías, con nombres como Enoteca, Cinc Sentits, Atempo, Compartir Barcelona, Dos Pebrots, Nectari, Gaig, Tapas 24, Casa Amàlia, Familia Nuri, Leña o Virens.
El apartado dulce también llega fuerte, con pastelerías como Escribà, L’Atelier Barcelona, Takashi Ochiai, Sauleda o Mervier Canal. Para muchos visitantes, esa es una de las gracias del Tast: poder saltar de una tapa salada a un postre de autor sin moverse de la plaza y sin tener que elegir un único restaurante.
La programación irá más allá de comer. Habrá showcookings, catas, música en directo y actividades gastronómicas pensadas para ver trabajar a chefs y productores de cerca. Entre las propuestas destacadas aparecen demostraciones de cocineros vinculados a Disfrutar, MontBar, Cinc Sentits, Dos Palillos o Estimar, además de experiencias como la realidad virtual de Balfegó alrededor del atún rojo.
La edición de este año también mira fuera de Barcelona. Saborea Lanzarote llevará cocina volcánica y vinos insulares; Raíz Culinaria-Castilla-La Mancha acercará platos y productos de sus cinco provincias; y Andorra, Gastronomia d’Alta Muntanya mostrará una cocina de montaña ligada al territorio y al producto local. Ese cruce de acentos amplía la feria sin hacerle perder su centro: Barcelona como punto de encuentro gastronómico.
El horario permitirá aprovechar tanto la comida como la tarde. Según la programación difundida, el festival abrirá de 12:00 a 22:00 el jueves y el domingo, y hasta medianoche el viernes y el sábado. La ubicación en plaza de Catalunya se mantiene de forma provisional por las obras de transformación de la Rambla, pero también juega a favor: es céntrica, visible y fácil de alcanzar en transporte público.
El Premio Tast a la Rambla de esta edición será para Ramon Agenjo, directivo de Estrella Damm y bisnieto del fundador de la compañía, por su papel en la difusión de la cultura gastronómica barcelonesa. El reconocimiento coincide con el 150 aniversario de la marca y refuerza el vínculo histórico entre restauración, cerveza y vida social en la ciudad.
Tast a la Rambla funciona porque convierte la gastronomía en algo compartido, rápido y urbano. No sustituye a los restaurantes, pero sí permite probarlos de otra manera: de pie, en una plaza llena, comparando platos y descubriendo sitios a los que quizá se vuelva después con más calma. En una ciudad donde comer también es una forma de recorrer barrios, culturas y temporadas, esta feria recuerda que la buena cocina no siempre necesita puerta cerrada: a veces basta una tapa, una cola corta y ganas de probar algo nuevo.