La pieza representa a San Buenaventura y mide 81 centímetros de alto, 45,5 de ancho y 10 de profundidad. Formaba parte del altar mayor del Monasterio de Santa Clara de Fitero, de donde fue sustraída antes de desaparecer del circuito conocido durante años.
El relieve, dorado y policromado, está vinculado al círculo del escultor Juan de Anchieta. Su autoría, antigüedad y estado de conservación lo convertían en una obra especialmente atractiva para coleccionistas y comerciantes especializados en arte religioso.
La investigación permitió reconstruir parte de su itinerario. Tras el robo, la pieza habría pasado por el Rastro de Madrid y por distintas manos antes de llegar a Barcelona, donde fue adquirida por una casa de subastas a un particular.
La policía detectó el relieve cuando iba a ponerse a la venta y comenzó a comprobar su procedencia. El análisis de la documentación y la comparación con los registros del robo permitieron confirmar que se trataba de la obra desaparecida en Fitero.
Una vez acreditado su origen, la pieza fue entregada al párroco responsable de la iglesia en representación de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela. El monasterio recupera así un fragmento importante de su retablo mayor y de su memoria artística.
El caso muestra las dificultades para rastrear obras antiguas que cambian de propietario y ciudad sin una documentación completa. Casas de subastas, anticuarios y compradores particulares tienen un papel clave a la hora de comprobar la procedencia de las piezas antes de incorporarlas al mercado.
La recuperación deja una imagen poco habitual: una escultura que salió de un monasterio navarro, pasó por Madrid y terminó apareciendo años después en Barcelona. Su regreso demuestra que incluso las obras desaparecidas durante largo tiempo pueden volver a su lugar de origen cuando el rastro documental consigue reconstruirse.