En los ensayos con cinturones de tres puntos, reforzar el asiento mejoró la protección de quienes viajaban sujetos, pero empeoró algunos resultados para los pasajeros que golpeaban el respaldo delantero.
La diferencia está en cómo responde el asiento durante un impacto. Un respaldo diseñado para deformarse de forma controlada puede absorber parte de la energía; hacerlo más rígido para soportar las cargas del cinturón cambia esa respuesta.
Y hay otro riesgo.
Si un vagón sufre deformaciones graves, el pasajero sujeto podría quedar dentro de una zona cuyo espacio de supervivencia se ha reducido o destruido. Los investigadores incluyeron ese escenario en el balance junto con la posibilidad de evitar que alguien saliera despedido.
La investigación del organismo británico de seguridad ferroviaria RSSB se desarrolló durante cinco años y concluyó que los sistemas analizados no ofrecían un beneficio real en las condiciones estudiadas. Por esa razón, la Unión Internacional de Ferrocarriles (UIC), que elabora estándares y recomendaciones, no hace obligatorio el uso de cinturones. La conclusión no descarta que puedan proteger en ciertos accidentes: indica que esa ventaja puede quedar compensada por los riesgos que aparecen en otros.
En el ferrocarril, el asiento también interviene en la protección durante un impacto. Su capacidad para deformarse de manera controlada forma parte de ese diseño. Añadir un cinturón exige que la estructura resista nuevas cargas. Por eso los resultados dependen del conjunto de condiciones que se evalúan en cada sistema.