Una médica lo tiene claro: si hay que elegir un solo buen hábito, es moverse más: controla hasta el azúcar en sangre
Si la salud fuera un examen con una sola pregunta, ya sabríamos cuál. Ni el desayuno perfecto, ni los suplementos, ni la app de meditación: una médica responde sin dudar que lo que más rinde es moverse.

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"Si tuviera que elegir uno bueno, escogería incorporar más movimiento a nuestra vida diaria tan sedentaria", afirma Ana Pérez Ballesta, médica y autora del libro Doctora, una pregunta, en una entrevista con el diario AS. Lo interesante no es el consejo, que suena conocido, sino el porqué: la lista de cosas que arregla un cuerpo en marcha es más larga de lo que parece.
El azúcar, el beneficio que no se ve
El del titular es el efecto menos intuitivo. El músculo es el mayor consumidor de glucosa del cuerpo: cuando se mueve, retira azúcar de la sangre para quemarla, y cuando se entrena con regularidad, se vuelve más sensible a la insulina. Por eso el ejercicio es una de las herramientas centrales para prevenir y controlar la diabetes tipo 2, como recuerda la médica.

El mecanismo tiene una aplicación doméstica que cualquiera puede comprobar: un paseo después de comer trabaja exactamente en esa dirección, porque le da al músculo algo que hacer justo cuando la glucosa de la comida llega a la sangre.
A la lista se suman los demás beneficios que enumera Pérez Ballesta: conservar masa muscular — que es conservar autonomía para las cosas de cada día —, dormir mejor por la noche y un efecto directo sobre el bienestar psicológico.
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La parte incómoda: caminar no es suficiente
Aquí la médica corrige la idea más extendida sobre el ejercicio en España, la de que el paseo diario lo cubre todo.
"Caminar es un excelente comienzo, pero si es lo único que hacemos, se quedaría corto", advierte la doctora.
Al paseo le falta lo que más se pierde con los años: el estímulo de fuerza. Pérez Ballesta recomienda sumar ejercicio que conserve el músculo, y añade otra pieza que no requiere ni ropa deportiva: interrumpir los periodos largos de estar sentado. Levantarse con regularidad, aunque sea un par de minutos, rompe el sedentarismo acumulado, que castiga por su cuenta incluso a quien entrena.
Traducción: el día tiene tres frentes, no uno. El paseo de siempre, algo de fuerza unas veces por semana — las sentadillas en casa valen — y no estar dos horas seguidas pegado a la silla. Lo tercero es gratis y es donde más se falla.
El truco final no es de músculos, es de cabeza
La receta de la médica termina con el ingrediente que decide si todo lo anterior sirve de algo: la continuidad. Más útil que el plan perfecto, dice, es encontrar una actividad que guste y se pueda mantener en el tiempo — porque el plan impecable que se abandona en una semana compite contra el baile, la bici o la caminata con amigas que siguen ahí en marzo.
Para quien quiera un número de referencia, la OMS sitúa el mínimo en 150 minutos semanales de actividad moderada más dos días de fuerza. Suena a mucho hasta que se reparte: media hora al día, cinco días, y las escaleras de casa empezando a contar. El mejor hábito, al final, es el único que no exige comprar nada: solo levantarse.
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