Los árboles, situados entre la Font Màgica de Montjuïc y la Fundació Mies van der Rohe, forman parte del paisaje desde la Exposición Internacional de 1929. Su traslado se ha realizado en parada vegetativa, el único momento del año en que un ejemplar de este tamaño puede sobrevivir al cambio de ubicación.
El proceso requiere precisión extrema. Se extrae una gran mota de tierra junto al tronco, se protegen las raíces con fibras naturales y estructuras metálicas, y se fijan los árboles con soportes para evitar cualquier movimiento. Durante los primeros años, recibirán riegos constantes para facilitar su adaptación al nuevo entorno.
Aunque los plátanos ya muestran brotes, los expertos advierten que la recuperación real solo se podrá confirmar dentro de dos a cuatro años. Es entonces cuando se sabrá si han conseguido arraigar con éxito en su nueva ubicación.
Barcelona intenta equilibrar renovación y patrimonio. Este tipo de intervenciones refleja cómo la transformación urbana puede convivir con la protección del entorno verde, aunque con riesgos y resultados a largo plazo.