Entre sus favoritos destaca Malparit, en el Eixample, un local con cocina abierta y ambiente cercano. También repite en Estimar, en el Born, donde el pescado y el marisco son protagonistas en una experiencia más cuidada.
La lista incluye opciones accesibles. Bar El Pollo, en el Raval, es uno de sus imprescindibles para platos sencillos como tortillas, mientras que el Bar del Pla apuesta por tapas con un toque creativo en un entorno clásico.
Rosalía también recorre locales históricos como Bodega La Palma, en el Gòtic, o propuestas más informales como Bar Bocata, en Gràcia. En todos ellos busca lo mismo: sabor directo y autenticidad, sin necesidad de grandes precios.
Su curiosidad va más allá de la cocina local. Restaurantes italianos como Xemei o Le Cucine Mandarosso, y japoneses como Shunka, completan una selección que mezcla estilos y refleja la diversidad gastronómica de la ciudad.
Este tipo de listas influye directamente en la vida de los locales. Atrae nuevos clientes, pone en el mapa bares de barrio y ayuda a redescubrir sitios de siempre, convirtiendo cada recomendación en un plan real para salir a comer en Barcelona.