Entre 2022 y 2025, el Ayuntamiento concedió 1.192 nuevas licencias y rechazó 1.117 solicitudes. La cifra muestra un crecimiento sostenido, aunque no descontrolado. Para el Gremi de Restauració, todavía hay margen para ampliar terrazas en algunas zonas y la tramitación municipal sigue siendo demasiado lenta. Para la FAVB, en cambio, el problema ya no es solo cuántas terrazas hay, sino cómo se controlan y qué impacto tienen en la vida diaria de los vecinos.
El reparto por distritos deja una fotografía desigual. Sants-Montjuïc lidera la concesión de nuevas licencias en los últimos tres años, con casi una de cada cinco autorizaciones. Después aparecen Sant Martí, el Eixample y Sarrià-Sant Gervasi. En cambio, en zonas más tensionadas como el Eixample y Ciutat Vella se deniegan más solicitudes de las que se aprueban.
El Eixample sigue siendo el gran territorio de las terrazas barcelonesas. Con 2.296 licencias, concentra aproximadamente un tercio del total de la ciudad. La densidad también es llamativa: 8,3 terrazas por cada 1.000 habitantes, muy por encima de la media municipal. En algunos cruces y calles, la terraza ya no es un añadido al bar, sino una pieza más del paisaje cotidiano.
El crecimiento trae otra consecuencia: más expedientes sancionadores. En 2025 se abrieron unos 2.400 procedimientos, sobre todo por colocar elementos no autorizados, ocupar más espacio del permitido o reducir el paso de los peatones. Eixample, Ciutat Vella y Sant Martí aparecen entre los distritos con más sanciones, aunque el volumen cambia según el año y la presión inspectora.
Los restauradores defienden que la mayoría de terrazas son pequeñas, con cuatro mesas o menos, y que su presencia ayuda a sostener empleo, consumo y vida de barrio. También denuncian una vigilancia excesiva y una relación demasiado desconfiada con la administración. Las entidades vecinales, por su parte, piden justo lo contrario: más inspecciones, menos excepciones y reglas claras para evitar que algunas calles se conviertan en pasillos estrechos entre mesas.
El debate no va contra la terraza como idea. Pocas cosas encajan tanto con Barcelona como sentarse fuera, mirar pasar gente y aprovechar el clima. La pregunta es otra: cuántas terrazas puede absorber una calle antes de que el equilibrio se rompa. En una ciudad densa, turística y con aceras muy disputadas, cada mesa cuenta. Y lo que para unos es vida urbana, para otros puede ser ruido bajo la ventana, menos espacio para caminar o la sensación de que el barrio se les escapa poco a poco.