Las olas de calor no solo elevan las máximas diurnas. También impiden que las viviendas se enfríen durante la noche, especialmente en pisos altos, edificios con poco aislamiento o casas sin aire acondicionado. Cuando el calor permanece dentro de los hogares, el cuerpo tiene más dificultades para reducir su temperatura y conciliar un sueño reparador.
Diversos estudios científicos advierten de que las temperaturas mínimas nocturnas están aumentando a un ritmo superior al de las máximas diurnas. Esta tendencia está reduciendo las horas de descanso de millones de personas y afecta especialmente a las ciudades, donde el asfalto y los edificios retienen el calor incluso muchas horas después de la puesta de sol.
Las consecuencias van más allá del cansancio. Dormir poco o dormir mal repercute en la memoria, la concentración y el estado de ánimo. También incrementa el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares y agrava enfermedades respiratorias y trastornos de salud mental, especialmente durante episodios prolongados de calor extremo.
El impacto tampoco se reparte de forma igual. Las personas mayores, los niños pequeños, quienes viven solos o quienes no pueden mantener una temperatura adecuada en casa son los más expuestos. La pobreza energética también se manifiesta en verano, cuando muchas familias deben elegir entre asumir un elevado coste eléctrico o soportar noches prácticamente insoportables.
Cada vez más expertos coinciden en que adaptarse al nuevo escenario climático exige ir más allá de las recomendaciones individuales. Aumentar las zonas verdes, crear más refugios climáticos, mejorar el aislamiento de los edificios y diseñar espacios urbanos que reduzcan la acumulación de calor son algunas de las medidas que ganan protagonismo en las ciudades.
Barcelona ya ha comenzado a impulsar actuaciones para hacer frente al calor extremo, pero las previsiones apuntan a que los veranos seguirán siendo más largos y las noches cálidas más habituales. La adaptación del entorno urbano será determinante para que descansar vuelva a ser algo tan cotidiano como cerrar los ojos al final del día.
Las noches tropicales han dejado de ser una excepción para convertirse en una realidad cada verano. Con un clima cada vez más cálido, el descanso empieza a ocupar un lugar central en el debate sobre la salud pública y el futuro de las ciudades, donde el reto ya no es solo soportar el calor durante el día, sino conseguir dormir cuando llega la noche.