El cambio se nota especialmente en el Balcón Gastronómico, donde han abierto varios locales con vistas directas al Mediterráneo. Aquí conviven propuestas como Nuara, centrada en parrilla mediterránea, o Eldelmar, de los hermanos Torres, donde el producto marca el ritmo de la carta.
La oferta también se diversifica fuera de este núcleo. Casi Esquina apuesta por la cocina mexicana con un enfoque actual, mientras que Bar El Cuco mantiene una opción más accesible para el día a día, con menús variados y precios ajustados.
Entre los nuevos nombres destacan Kresala, con una cocina basada en grandes piezas a la brasa, y Urretxu, que acerca sabores del País Vasco con platos tradicionales. A ellos se suman clásicos como El Cangrejo Loco, que sigue siendo referencia para quienes buscan cocina marinera.
El conjunto crea una ruta gastronómica que combina locales nuevos con propuestas consolidadas, lo que permite adaptar el plan según presupuesto o tipo de experiencia, desde una comida rápida hasta una cena más especial frente al mar.
Esta transformación cambia la forma de usar la zona. La Vila Olímpica deja de ser solo un lugar de paso o de ocio nocturno para convertirse en un destino donde comer bien sin alejarse del centro, ampliando las opciones reales de los barceloneses a la hora de elegir dónde salir.