El proyecto se llama CineClub 113 y arrancará en julio en La (3), el espacio descubierto de la sala, situado en Nou de la Rambla. La idea es sencilla, pero bastante pensada para la ciudad: proyectar películas relacionadas con música y continuar después con sesiones de DJ inspiradas en cada documental.
La programación completa todavía no se ha anunciado, aunque Apolo y el festival In-Edit —con quien organizan el ciclo— avanzan que habrá nueve películas y que la selección definitiva se conocerá en junio. Todo apunta a una mezcla de títulos ligados a la cultura musical contemporánea, escenas underground y figuras icónicas.
Más allá del cine, el formato busca algo bastante reconocible en Barcelona durante verano: planes híbridos donde la gente no solo va a “ver algo”, sino también a quedarse, socializar y alargar la noche. Especialmente en una ciudad donde las terrazas culturales y los eventos al aire libre ganan cada vez más peso cuando llega el calor.
El entorno del Paral·lel encaja bastante bien con esa idea. Entre salas históricas, bares y conciertos, la zona lleva años intentando recuperar parte de su identidad cultural nocturna, y propuestas como esta ayudan a reforzar ese perfil más creativo y menos turístico.
La iniciativa coincide además con el lanzamiento del nuevo Premio Apolo al Mejor Vídeo Musical, otra señal de cómo la sala intenta ampliar su papel dentro de la escena cultural barcelonesa más allá de los conciertos tradicionales.
Hace tiempo que Apolo dejó de ser únicamente una discoteca o una sala de conciertos. Para mucha gente en Barcelona funciona casi como un punto fijo dentro de la vida cultural de la ciudad, un lugar capaz de mezclar generaciones, estilos y formatos sin perder esa sensación algo caótica y auténtica que todavía conserva el Paral·lel.
Y en verano, cuando Barcelona cambia completamente de ritmo y las noches se vuelven más largas, un cine al aire libre con música y DJs suena exactamente al tipo de plan que termina llenándose sin demasiado esfuerzo.