La primera parte del festival se alargará hasta el 1 de julio y se repartirá por varios espacios de la ciudad. La Filmoteca de Catalunya concentrará tres secciones centrales —Persistències fílmiques, la retrospectiva de Barbara Hammer y las sesiones familiares—, mientras que Santa Mònica, Zumzeig Cinecooperativa, la Biblioteca del Cinema, la Universitat Pompeu Fabra y varias plazas de Barcelona completarán el mapa.
El hilo de fondo es claro: qué queda de las tradiciones políticas, sociales y cinematográficas nacidas al calor de los feminismos de los años setenta. La edición mira especialmente a las Primeres Jornades Catalanes de la Dona de 1976, no como una efeméride cerrada, sino como un punto de partida para leer conflictos actuales: el cuerpo, la intimidad, el trabajo doméstico, la violencia institucional o las identidades que el cine dominante dejó fuera.
Uno de los grandes focos será Barbara Hammer. La Mostra y la Filmoteca dedican una retrospectiva a la cineasta estadounidense, figura clave del cine experimental, feminista y queer. Su obra exploró el deseo lésbico, la memoria, la enfermedad, el envejecimiento y la necesidad de construir archivos propios cuando la historia oficial no dejaba espacio para ciertos cuerpos.
El ciclo Persistències fílmiques, del 21 al 31 de mayo, mezclará obras contemporáneas con piezas recuperadas para crear diálogos entre épocas. La idea funciona bien en una muestra como esta: no se trata solo de descubrir estrenos, sino de entender qué películas conversan con otras, qué imágenes vuelven y qué preguntas siguen sin resolverse.
Entre las propuestas destaca Crías, de Xiana do Teixeiro, que abrirá la edición y se adentra en el universo de los diarios íntimos de niñas y adolescentes. También aparecen películas que cruzan documental y ficción, ciencia ficción, memoria personal y formas experimentales, una mezcla bastante natural en un festival que lleva años evitando las categorías demasiado rígidas.
La Mostra también saldrá de la sala tradicional. Habrá cine familiar, proyecciones al aire libre dentro de Cinema fora de lloc, sesiones especiales y programación en Filmin. En otoño llegará el segundo volumen del festival, con secciones como Documentalistes llatinoamericanes, Conegudes i reconegudes y Manifestos Fílmics Feministes.
Después de más de tres décadas, la Mostra mantiene algo que no siempre es fácil en un festival: una identidad reconocible sin quedarse quieta. Su fuerza no está solo en mostrar cine hecho por mujeres, sino en insistir en que las imágenes también organizan memoria, deseo y poder. Y eso, en una ciudad saturada de pantallas y discursos rápidos, sigue teniendo bastante sentido.