El análisis se realizó en 180 terrazas de la ciudad mediante mediciones ambientales, observación directa y entrevistas a 451 usuarios. Los datos son claros: en el 93% de las terrazas se observó a personas fumando, en una de cada cuatro se detectó uso de cigarrillos electrónicos y en dos de cada tres se percibía olor a tabaco.
La nicotina ambiental apareció en el 85% de las terrazas analizadas. Además, los niveles fueron más altos en barrios con menor situación socioeconómica, un dato que añade una lectura de desigualdad urbana al problema. No todas las zonas respiran igual, tampoco cuando se habla de ocio al aire libre.
El incumplimiento es especialmente visible en terrazas semicerradas. Según el estudio, el 90% de estos espacios permite fumar pese a que la ley lo prohíbe cuando la terraza está cubierta o cerrada por varios laterales. En esos casos, la ventilación es peor y la exposición puede acercarse más a la de un espacio interior que a la de una terraza abierta.
La percepción de los usuarios también va en la misma línea. El 94% de las personas encuestadas declaró sentirse expuesta al humo del tabaco en terrazas, y el 68% a los aerosoles de cigarrillos electrónicos. Más de la mitad se mostró favorable a prohibir fumar y vapear en estos espacios.
El debate llega en un momento clave. El Ministerio de Sanidad lleva tiempo trabajando en la reforma de la Ley del Tabaco y en el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027, que plantea ampliar los espacios libres de humo. La hostelería, en cambio, teme que una prohibición total afecte a las ventas y cambie la dinámica de las terrazas.
Para quienes trabajan sirviendo mesas, el problema es menos teórico. Un cliente puede levantarse e irse si el humo le molesta; un camarero puede pasar toda la jornada entrando y saliendo de una terraza con tabaco, vapeadores, colillas y aerosoles alrededor. Esa exposición repetida es uno de los argumentos más fuertes de quienes piden una regulación más clara.
Barcelona vive mucho en sus terrazas, y precisamente por eso el debate pesa tanto. No se trata solo de si alguien puede fumar con un café, sino de quién tiene derecho a respirar sin humo en un espacio compartido. La ciudad ya ha discutido el ruido, el espacio público y el exceso de mesas; ahora la pregunta vuelve por otra vía: qué tipo de terrazas quiere, y para quién.