Ubicada en el barrio de Trinitat Nova, en el distrito de Nou Barris, la estación abrió sus puertas en 2003 junto con la pequeña L11, una línea automática de poco más de dos kilómetros que conecta cinco estaciones. Su entorno, principalmente residencial y alejado de las principales zonas comerciales y turísticas, explica en buena medida el reducido número de pasajeros que registra cada año.
La diferencia con otras estaciones resulta llamativa. Mientras grandes intercambiadores como Catalunya, Sants Estació o Diagonal reciben millones de viajeros cada año, Casa de l'Aigua apenas alcanza unas decenas de miles de validaciones. Incluso otras estaciones de la misma línea presentan una demanda superior.
A pesar de sus cifras, la estación desempeña un papel importante para los vecinos del barrio. La L11 facilita la conexión con el resto de la red a través de Trinitat Nova y permite mejorar la movilidad en una zona donde el transporte público resulta esencial para los desplazamientos diarios.
El contraste es aún mayor si se observa la evolución del conjunto del Metro de Barcelona. La red continúa batiendo récords de utilización y supera mes tras mes los registros de años anteriores, impulsada tanto por el aumento de residentes que utilizan el transporte público como por la recuperación del turismo.
Casos como el de Casa de l'Aigua muestran que una misma red puede responder a realidades muy distintas. Algunas estaciones funcionan como grandes nodos metropolitanos, mientras que otras mantienen una vocación claramente de barrio, ofreciendo un servicio de proximidad que resulta imprescindible para sus residentes, aunque pase desapercibido para la mayoría de usuarios.