El proyecto se impulsa junto a la Associació de Sales de Concerts de Catalunya, que este año también celebra su 25 aniversario. No es un detalle menor: el ciclo quiere reivindicar el papel de las salas como equipamientos culturales de proximidad, lugares donde la música no se vive desde lejos ni en formato festival, sino a pocos metros del escenario.
La programación mezclará artistas consolidados y propuestas emergentes, con estilos que van del pop al indie, la electrónica, lo urbano y el mestizaje. Entre los nombres anunciados aparecen Miki Núñez, Queralt Lahoz, Macaco, Quimi Portet, Suu, Alfred García, El Petit de Cal Eril, Maruja Limón, Joe Crepúsculo, Svetlana y Al·lèrgiques al Pol·len, entre otros.
El ciclo arrancará el 18 de septiembre con tres conciertos simultáneos: JULS en la Sala Liverpool de Be Disco, en Molins de Rei; Joe Crepúsculo en Club Mutante, en Palma; y Ketekalles en Unnic, en Andorra la Vella. A partir de ahí, la programación irá saltando por espacios grandes y pequeños, desde salas de referencia hasta locales de proximidad que sostienen la escena durante todo el año.
La red de conciertos sumará más de 22.000 localidades y pasará por espacios de diferentes formatos, como Razzmatazz, Salamandra, La Paloma, Es Gremi, Els Pagesos, Terra o Slàvia. La apuesta no busca solo llenar aforos, sino repartir actividad cultural por territorios distintos y recordar que las salas son mucho más que un lugar donde comprar una entrada.
La clausura será el 30 de octubre en la Sala Apolo de Barcelona, con una fiesta final cuyo cartel todavía guarda nombres por anunciar. Ese cierre tendrá un punto simbólico: Apolo es una de las salas más importantes de la ciudad y resume bien el espíritu del ciclo, entre historia musical, vida nocturna y cultura popular.
Para Barcelona y su entorno, Directes Estrella Damm 150 llega en un momento en que las salas necesitan visibilidad, público y reconocimiento. Los grandes festivales llenan titulares, pero buena parte de la música se cocina en lugares más pequeños, con técnicos, programadores y públicos fieles que sostienen la escena cuando no hay focos masivos. Celebrar un aniversario así puede parecer una campaña de marca, pero también deja una lectura más interesante: si las salas están vivas, la ciudad escucha mejor.