La franja más complicada se concentró entre las 18.00 y las 19.00 horas. En apenas sesenta minutos, los Bombers de la Generalitat gestionaron una veintena de actuaciones relacionadas con las rachas de viento y con elementos que amenazaban con caer o bloqueaban calles y aceras.
El teléfono de emergencias 112 recibió alrededor de 80 llamadas vinculadas al episodio. Buena parte de los avisos alertaban de ramas desprendidas, árboles vencidos y objetos desplazados por el viento, escenas que obligaron a extremar la precaución en los desplazamientos a pie y en vehículo.
La tormenta sorprendió a muchos vecinos en plena tarde, cuando todavía había movimiento en terrazas, comercios y calles. En algunos tramos fue necesario retirar restos de la calzada y asegurar elementos del mobiliario urbano antes de recuperar la normalidad.
El mal tiempo también alcanzó el litoral de Tarragona. Una tormenta eléctrica obligó a izar la bandera roja en alrededor de quince playas de la Costa Daurada, donde el baño quedó prohibido y los socorristas pidieron a los usuarios que abandonaran el agua.
La bandera roja supone el cierre del baño por riesgo grave, incluso cuando el aspecto del mar no parece especialmente peligroso. La presencia de rayos convierte la playa y las zonas abiertas en espacios vulnerables, por lo que la recomendación es alejarse de la orilla y buscar refugio en un lugar cerrado.
El episodio no dejó heridos, pero volvió a mostrar la rapidez con la que una tarde de verano puede cambiar en el área metropolitana. Las altas temperaturas dieron paso en pocos minutos a rachas intensas, cielo cubierto y carreras para recoger terrazas o apartarse de ramas inestables.
La imagen de la jornada quedó en las calles de L’Hospitalet, con equipos municipales retirando árboles y vecinos observando los daños desde portales y balcones. En la costa, la escena fue muy distinta a la habitual de julio: arena casi vacía, socorristas vigilando y banderas rojas agitadas por el viento.