El episodio de calor, uno de los más duros de este mayo, no ha vaciado la plaza. Al contrario: desde la apertura, varios puestos han acumulado colas y ambiente de fiesta. La organización y los chefs han preferido quedarse con la parte amable del clima: mejor sol que lluvia, aunque esta vez el sol obligue a buscar sombra, bebida fría y postres helados entre tapa y tapa.
La feria reúne este año a 30 restaurantes y seis pastelerías, con degustaciones a precio único de 6 euros. La fórmula mantiene el atractivo de siempre: acercar al público platos de restaurantes reconocidos sin necesidad de reserva ni de una cuenta larga. En una sola vuelta por la plaza se puede pasar de recetas catalanas de toda la vida a propuestas más actuales, con tacos, biquinis trufados, cocina mexicana o bocados de alta restauración.
Entre los platos más buscados han destacado el canelón de rostit con setas de Nandu Jubany, el biquini trufado de Carles Abellán, el capipota del Kiosko Universal y la quesabirria de La Mafia Mexicana. Algunos cocineros han defendido incluso los guisos y platos de cuchara en pleno calor, recordando que hay sabores que no entienden demasiado de temporada cuando están bien hechos.
El Tast vive además una edición especial porque será la última en plaza de Catalunya antes de su previsto regreso a la Rambla Santa Mònica, una vez avancen las obras del paseo. El traslado temporal no ha apagado el espíritu del evento: la plaza funciona estos días como escaparate céntrico de la cocina barcelonesa, con chefs, pasteleros, productores y curiosos compartiendo espacio en plena calle.
La jornada también ha servido para entregar el III Premi Tast a la Rambla a Ramon Agenjo, directivo de Estrella Damm y bisnieto del fundador de la marca. El reconocimiento subraya su vínculo con la cultura gastronómica local y lo suma a una lista de premiados donde ya figuran nombres muy ligados a la restauración y la pastelería barcelonesa.
Más allá de los platos concretos, el Tast a la Rambla funciona porque convierte la gastronomía en una experiencia urbana fácil de compartir. No hace falta conocer todos los restaurantes ni seguir de cerca la alta cocina: basta con acercarse, elegir una tapa, comentar el hallazgo y seguir caminando. Esa mezcla de curiosidad, calle y producto local explica por qué la cita sigue creciendo incluso cuando el tiempo no acompaña.
En una Barcelona marcada por el calor temprano y por una agenda cada vez más llena, eventos como este recuerdan el valor del espacio público cuando se usa para algo más que pasar de largo. Plaza de Catalunya se llena estos días de comida, conversación y pequeñas decisiones felices: qué probar primero, dónde encontrar sombra y qué plato recomendar después. Ahí está buena parte del encanto del Tast: hacer que la ciudad se siente a comer junta, aunque sea de pie y con abanico.