La nueva dirección, liderada por François Jozic, quiere convertir el evento en una experiencia continua, más flexible y menos fragmentada. Los asistentes podrán moverse entre escenarios sin interrupciones ni traslados entre recintos, algo que durante años había formado parte de la identidad del festival, pero también de sus complicaciones.
Cada espacio cambia de función y de escala. El SonarVillage se adapta para acompañar tanto las primeras horas de la tarde como el amanecer. El SonarPark gana protagonismo al aire libre y mantiene el foco en artistas emergentes, mientras el SonarLab apuesta por un formato inmersivo con escenario central y sonido 360 grados rodeado por el público. El SonarClub, uno de los espacios más icónicos del festival, renueva completamente su sistema audiovisual con pantallas móviles y nuevas configuraciones de luz.
Uno de los grandes reclamos será una instalación interactiva de 900 metros cuadrados situada en el pabellón principal. La estructura, formada por 700 motores sincronizados, reaccionará en tiempo real al movimiento y al ambiente del recinto, transformándose constantemente a lo largo del día y la noche. La organización la presenta como una especie de “organismo vivo” dentro del festival.
El otro gran cambio afecta a Sónar+D. La parte dedicada a innovación, inteligencia artificial y cultura digital deja la Fira y se traslada a la Llotja de Mar. Allí se celebrarán durante dos jornadas cerca de un centenar de actividades entre charlas, talleres y performances centradas en el impacto de la tecnología en la vida cotidiana y en la creación artística.
La programación paralela también se expande por Barcelona. OFFSónar continuará en el Poble Espanyol, el Parc del Fòrum acogerá nuevas actividades bajo el nombre de SonarDistrict y el club Moog tendrá sesiones especiales coordinadas por Angel Molina. El festival quiere reforzar así su presencia más allá del recinto principal y extender el ambiente de Sónar a distintos puntos de la ciudad.
También cambian algunas normas internas muy comentadas por el público en los últimos años. Desaparece el sistema cashless, habrá fuentes de agua gratuitas, más zonas de descanso y se permitirá entrar y salir del recinto con mayor libertad. Además, los asistentes podrán acceder con comida propia, algo poco habitual en festivales de este tamaño.
Entre los artistas ya confirmados aparecen nombres como The Prodigy, Charlotte de Witte, Amelie Lens, Kelis, Skepta, Modeselektor y Cabaret Voltaire, que celebrará sus 50 años con una actuación especial. Más allá de los nombres, esta edición parece centrarse en otra cosa: reinventar la relación entre música, tecnología y ciudad. Y convertir Barcelona, una vez más, en uno de los grandes escaparates culturales del verano europeo.