La reforma ha cambiado por completo la imagen de un paso que antes resultaba oscuro y poco acogedor. Los materiales claros y la nueva iluminación hacen que la entrada a los jardines se perciba ahora como un espacio más abierto y seguro para quienes lo utilizan a diario.
La intervención incorpora un banco lineal y una fuente, de modo que el pasaje deja de ser únicamente una zona de tránsito. Vecinos, familias y visitantes podrán sentarse, esperar o descansar antes de continuar hacia el interior de manzana.
El acceso mide unos cinco metros de ancho, 25 de largo y 4,3 de alto. Su diseño anterior reforzaba la sensación de túnel, mientras que los nuevos acabados y el techo verde buscan conectarlo visualmente con la vegetación de los jardines.
El espacio ya tenía un uso vecinal más allá del paso cotidiano. En días de lluvia acogía juegos y celebraciones infantiles, y durante el verano funcionaba como refugio gracias a la sombra y a la ventilación natural.
La reforma ha conservado ese carácter espontáneo mediante una zona de pared pintada como pizarra. Los niños podrán seguir dibujando con tiza, una escena habitual antes de las obras y muy ligada a la vida familiar del entorno.
Los jardines Flora Tristán forman parte de la red de interiores de manzana del Eixample, espacios que ofrecen vegetación y zonas tranquilas en barrios con una alta densidad urbana. Mejorar sus accesos facilita que más vecinos los incorporen a sus paseos y rutinas.
La obra deja un rincón más claro, cómodo y fácil de habitar en la Sagrada Família. Donde antes había un paso estrecho y oscuro, ahora aparece una pequeña extensión del jardín, con bancos, agua y espacio para quedarse un rato.