El equipo gestor ya trabaja desde el centro y prepara la vuelta de los primeros usuarios. La próxima semana arrancarán los talleres de cocina y costura, dos actividades muy vinculadas al día a día comunitario. En julio se incorporará el casal de mujeres, mientras que el traslado completo de los servicios municipales llegará en septiembre.
Entre los servicios que se instalarán de nuevo en el edificio figuran Servicios Sociales, la Sala Jove, el Punt de Treball de Barcelona Activa, el PIAD y el servicio de interculturalidad. La idea es que el vecindario pueda resolver más gestiones y participar en más actividades sin tener que ir de un equipamiento a otro.
Durante el cierre, la actividad no desapareció. Los servicios se repartieron por otros espacios del barrio para mantener la atención a los vecinos. Pero la reapertura cambia el escenario: tenerlos de nuevo bajo un mismo techo debería mejorar la coordinación entre profesionales, facilitar el seguimiento de casos y detectar antes las necesidades reales del barrio.
El centro abrió en 2022 con una vocación clara: ser algo más que un edificio municipal. En poco tiempo impulsó iniciativas como el programa Vine, las sesiones de Cafè i Xarrem, el Casal de Dones, el Espai de Trobada per a Homes y varias mesas de participación. Para muchas personas, el equipamiento se había convertido en un lugar donde pedir ayuda, aprender, encontrarse o simplemente no quedarse aisladas.
El cierre preventivo se produjo después de que dos trabajadoras detectaran molestias respiratorias y un estudio señalara la presencia de formaldehído en el aire interior. Desde entonces, se han realizado más de 60 mediciones y se han aplicado mejoras técnicas, como ajustes en la ventilación y el uso de pinturas específicas para reducir los niveles de la sustancia.
La reapertura llega acompañada de controles ambientales periódicos y un mantenimiento reforzado del sistema de ventilación. Es un punto importante, porque la confianza del vecindario no se recupera solo abriendo puertas: también hace falta explicar qué se ha hecho y garantizar que trabajadores y usuarios vuelven a un espacio seguro.
Para Trinitat Vella, el regreso del Centre de Vida Comunitària tiene un valor que va más allá de la agenda de talleres. En un barrio donde la red vecinal pesa mucho, disponer de un lugar estable para encontrarse, recibir apoyo y construir proyectos compartidos mejora la calidad de vida de forma muy concreta. No resuelve todos los problemas, pero devuelve al barrio una pieza que ayuda a sostener lo cotidiano: cuidados, participación, orientación y comunidad.