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Una nube de polvo sahariano deja cielos turbios en Barcelona

Barcelona ha amanecido bajo una capa de polvo sahariano que ha borrado buena parte del azul del cielo. La calima deja una luz blanquecina, reduce la visibilidad y eleva la concentración de partículas, una combinación que puede complicar el día a quienes padecen problemas respiratorios.

El polvo sahariano tiñe el cielo de Barcelona

Por · Barcelona ·

El fenómeno se aprecia con claridad desde los puntos elevados de la ciudad y en la línea del litoral. Montjuïc, Collserola y los edificios más alejados aparecen difuminados, mientras el horizonte adquiere tonos grises, amarillentos o marrones según la concentración de polvo.

Las partículas proceden del norte de África y pueden recorrer miles de kilómetros suspendidas en las capas altas de la atmósfera. Determinadas corrientes de viento empujan esa masa de aire hacia la península y el Mediterráneo hasta alcanzar Catalunya.

El polvo no llega como una nube compacta de arena. Los granos más pequeños se elevan cuando el viento golpea el terreno desértico y permanecen en suspensión durante días, lo que les permite avanzar mucho más allá del Sáhara.

En la ciudad, sus efectos van desde una menor visibilidad hasta la aparición de una fina capa de suciedad sobre coches, balcones y mobiliario exterior. Si coincide con precipitaciones, las gotas pueden arrastrar las partículas y dejar la conocida lluvia de barro.

La presencia de polvo mineral también puede empeorar temporalmente la calidad del aire. Niños, personas mayores y quienes tienen asma, alergias o enfermedades cardiovasculares son los grupos que deben actuar con mayor prudencia durante las horas de concentración más elevada.

La recomendación general es reducir el ejercicio intenso en la calle, cerrar las ventanas cuando el ambiente esté especialmente cargado y seguir la evolución de los indicadores oficiales. Un paseo tranquilo no plantea el mismo esfuerzo que correr, pedalear con intensidad o entrenar durante varias horas al aire libre.

Estos episodios forman parte de la meteorología mediterránea, aunque su duración e intensidad varían mucho según la circulación atmosférica. No existe una tendencia sencilla que permita atribuir cada entrada de polvo a una única causa, pero los cambios en las sequías y los patrones de viento condicionan su frecuencia.

La escena deja una Barcelona desdibujada, con el mar y la montaña ocultos tras una neblina seca. Hasta que cambien las corrientes de aire, el cielo seguirá mostrando un tono apagado y la actividad exterior exigirá algo más de atención.

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Miriam Lado
Miriam Lado
Editora cultural, periodista
Publicado ID49256

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