La feria abrirá de 11:00 a 23:00 y reunirá talleres, showcookings, degustaciones, música en directo y actividades para todas las edades. No es solo un escaparate gastronómico: la idea es que el público compre producto fresco en el mercado, hable con los comerciantes y pueda cocinarlo después en la zona de barbacoas habilitada para la ocasión.
El evento llega en un año especial para el comercio barcelonés, con la ciudad reconocida como Capital Europea del Comercio de Proximidad. El Ayuntamiento y los mercados municipales quieren aprovechar la cita para reivindicar algo muy concreto: comprar en el barrio, conocer quién vende el producto y dar valor a una red de mercados que sigue siendo parte esencial de la vida cotidiana en Barcelona.
La programación mezclará cocina profesional y actividades populares. Habrá demostraciones en directo, talleres infantiles, catas, propuestas sobre consumo responsable y espacios dedicados a productos de calidad. También se sumarán restauradores y comercios de la zona, con tapas, platillos, helados, dulces artesanos y bebidas para convertir la plaza en una pequeña ruta gastronómica.
El sábado coincidirá además con las Festes de la Primavera de la Barceloneta. Los gigantes del barrio, talleres, bailes y pasacalles añadirán un punto más festivo a una jornada que no se limita a comer: también busca reforzar la vida comunitaria alrededor del mercado.
El producto de proximidad será uno de los protagonistas. Carnes, pescados, verduras, aceites, peras de Lleida, cervezas, vinos y otras propuestas de productores catalanes aparecerán en distintas actividades y degustaciones. Para quienes van al mercado de forma habitual, será una manera distinta de mirar los puestos de siempre; para quienes solo pasan por la zona, una excusa para entrar.
La Barceloneta es uno de esos barrios donde la gastronomía corre el riesgo de quedarse reducida al consumo rápido para visitantes. Por eso una cita como esta tiene sentido si consigue devolver protagonismo al mercado, a los comerciantes y a los vecinos. Durante dos días, la plaza del Poeta Boscà no será solo un lugar de paso hacia la playa: será una mesa abierta donde el barrio enseña qué compra, qué cocina y cómo quiere seguir encontrándose.