Uno de los principales cambios estará bajo tierra. El subsuelo, todavía condicionado por los restos del antiguo matadero, se renovará en las zonas donde no hay arbolado para facilitar la retención de agua y permitir que crezcan nuevas especies.
La reforma apostará por una vegetación más diversa, con árboles de hoja caduca y arbustos capaces de aportar sombra, color y cambios de paisaje a lo largo del año. El objetivo es reducir la sensación de plaza dura y reforzar el carácter verde del parque.
La existencia del aparcamiento subterráneo seguirá limitando la plantación en una parte del recinto. Sobre esa zona se plantea mantener una superficie más dura que funcione como nodo cívico, punto de encuentro y espacio para actividades.
Las pistas deportivas, los juegos de agua y el área para perros cambiarán de ubicación. La zona canina se alejará de la biblioteca, mientras que los espacios deportivos y de juego se concentrarán cerca de la futura plaza central.
La pérgola recuperará su función como lugar de sombra y descanso. Los caminos interiores serán de tierra y se eliminarán barreras para facilitar el paso entre las distintas áreas, aunque las condiciones del entorno impiden abrir más accesos al parque.
La gestión del agua será otro de los ejes del proyecto. La propuesta prevé reutilizar hasta el 80% del agua recogida dentro del recinto, una medida pensada para reducir pérdidas y mantener la vegetación con mayor eficiencia.
El proyecto definitivo empezará a redactarse en septiembre y las obras se ejecutarán por fases. La planificación deberá convivir con la presencia de los Bomberos, prevista al menos hasta 2031, y con las actuaciones de la L8 de Ferrocarrils que afectan actualmente a parte del parque.
El cambio dejará un espacio menos fragmentado y con más zonas de sombra en uno de los puntos más transitados del Eixample. La clave estará en cómo convivan la vegetación, el deporte y los usos vecinales alrededor de la escultura de Dona i Ocell.