El dato importa porque el MWC ya no se mide solo por los días de feria en Fira de Barcelona. Durante una semana, el congreso activa hoteles, restaurantes, transporte, taxis, montaje de stands, seguridad, limpieza, traducción, servicios técnicos y pequeños negocios que dependen del movimiento de visitantes profesionales.
La última edición reunió a más de 105.000 asistentes procedentes de 207 países. También contó con cerca de 2.900 expositores, patrocinadores y socios, además de más de 1.700 ponentes, una dimensión que mantiene a Barcelona como una de las grandes capitales mundiales de la tecnología.
El impacto económico subió un 4,8% respecto a 2025, cuando el congreso dejó 561 millones de euros y unos 13.000 empleos temporales. El salto confirma que el Mobile sigue creciendo en valor para la ciudad, incluso en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y problemas de movilidad aérea.
Para Barcelona, el MWC funciona como una enorme semana de actividad concentrada. La ocupación hotelera se dispara, los restaurantes trabajan a otro ritmo y muchos servicios refuerzan plantillas para responder a una demanda que no se parece a la de un fin de semana turístico normal.
El empleo generado, eso sí, tiene una cara muy concreta: es temporal y muy ligado al calendario del evento. Camareros, azafatas, técnicos, conductores, personal de montaje, limpieza o atención al visitante encuentran trabajo durante esos días, aunque el reto sigue siendo que ese impulso no se quede solo en una semana intensa.
El balance acumulado también muestra la dimensión del congreso. Desde que Barcelona acoge el MWC, el evento ha generado unos 7.500 millones de euros de impacto económico y alrededor de 187.000 empleos temporales, una cifra que explica por qué la ciudad defiende su continuidad como prioridad estratégica.
Para los vecinos, el Mobile significa más movimiento, más tráfico y precios más tensionados durante unos días. Para la economía local, en cambio, sigue siendo una de las grandes palancas del calendario. El desafío de Barcelona es aprovechar ese empuje sin que la ciudad se convierta solo en escenario de grandes eventos.