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Un mosaico casi desconocido de Gaudí espera protección urgente en Sant Andreu

Barcelona está llena de obras de Gaudí que aparecen en guías, postales y colas interminables. Pero en Sant Andreu hay una pieza mucho más silenciosa, casi escondida bajo los pies de quienes entran en la parroquia de Sant Pacià: un mosaico diseñado por el arquitecto en sus primeros años de carrera y que hoy preocupa por su estado de conservación.

El mosaico oculto de Gaudí en Sant Andreu

Por · Barcelona ·
El mosaico oculto de Gaudí en Sant Andreu

El pavimento cubre la nave central del templo y es una de las primeras intervenciones conocidas de Antoni Gaudí en la ciudad. El encargo llegó a través de Joan Torras Guardiola, arquitecto de la iglesia y antiguo maestro de Gaudí. En aquel momento, el edificio funcionaba como capilla del convento-colegio de las Religiosas de Jesús-María, de ahí que el diseño incorpore las iniciales J y M.

La obra tiene valor histórico, pero no cuenta todavía con una protección patrimonial clara. Su reciente incorporación al Consell Gaudí abre una puerta, aunque por ahora no se sabe qué efectos prácticos tendrá ni si acelerará una restauración. Y el tiempo empieza a notarse.

La última intervención importante se hizo en los años 80. Desde entonces, el mosaico ha ido perdiendo teselas y algunas zonas se han cubierto con plástico para evitar que el deterioro avance. No hay calendario para una nueva restauración, algo que inquieta a quienes conocen la importancia de esta pieza dentro de la etapa más temprana del arquitecto.

Sant Pacià no aparece en el circuito habitual del turismo gaudiniano. No tiene el magnetismo masivo de la Sagrada Família ni la fuerza visual del Park Güell. Quizá por eso el mosaico ha sobrevivido como un secreto de barrio: conocido por feligreses, vecinos y algunos especialistas, pero prácticamente invisible para buena parte de Barcelona.

Gaudí también diseñó para este espacio un retablo, mobiliario y luminarias, aunque nada de aquello se conserva. Los muebles fueron trasladados por las religiosas a otras dependencias y el retablo desapareció durante la Semana Trágica, cuando el templo sufrió un incendio.

La iglesia ha tenido una vida agitada. Fue capilla de un convento, almacén de grano y legumbres tras el incendio, parroquia desde 1923 y comedor popular durante la Guerra Civil. Cada etapa dejó una marca distinta en el edificio, pero el mosaico de Gaudí sigue siendo su huella más singular.

Sant Andreu guarda aquí una parte discreta pero valiosa de la memoria artística de Barcelona. No es una obra monumental ni busca impresionar a primera vista. Precisamente por eso resulta tan frágil: porque los patrimonios menos visibles suelen ser los que más dependen de que alguien los mire a tiempo.

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Miriam Lado
Miriam Lado
Editora cultural, periodista
Publicado ID48522