El dato aparece en el informe Impacte econòmic del conjunt del sistema universitari de la Regió Metropolitana de Barcelona, elaborado por AQR-Lab de la Universitat de Barcelona para el Ayuntamiento. Es la primera vez que se mide de forma conjunta el impacto de universidades, centros de investigación, empresas vinculadas al entorno académico, estudiantes y visitantes relacionados con congresos o jornadas científicas.
El resultado ayuda a poner números a algo que muchas veces queda fuera del debate urbano: el conocimiento también paga salarios, llena viviendas, mueve transporte, genera consumo y sostiene actividad en barrios enteros. Según el estudio, este ecosistema mantiene 147.826 empleos a jornada completa, alrededor del 5% de la población ocupada en el área metropolitana.
La facturación total vinculada al sector alcanzó los 16.249 millones de euros en 2023. Traducido a una escala más cotidiana, son unos 44,6 millones de euros al día asociados a universidades, investigación, empresas, estudiantes y actividad académica. No es una cifra abstracta: acaba repercutiendo en cafeterías, librerías, alquileres, proveedores, servicios profesionales, tecnología, restauración y movilidad.
El informe calcula además que cada euro generado directamente por el sistema universitario y de investigación se multiplica hasta producir entre 1,9 y 2,3 euros en la economía. Ese efecto arrastre explica por qué un laboratorio, un campus o un centro de investigación no funcionan como piezas aisladas, sino como motores que activan muchos sectores alrededor.
El peso público sigue siendo mayoritario: representa el 72% del impacto total. El 28% restante procede de universidades privadas, empresas asociadas y actividad vinculada al entorno universitario. Para el Ayuntamiento, estos datos refuerzan la estrategia de situar Barcelona como ciudad del conocimiento, con proyectos como Barcelona Impulsa o la Ciutadella del Coneixement.
La lectura de fondo es clara: la universidad no es solo un lugar al que van estudiantes durante unos años. En Barcelona, es una infraestructura económica, científica y social que atrae talento, genera empleo cualificado y ayuda a diversificar el modelo de ciudad. En un momento en que se discute tanto sobre vivienda, turismo y salarios, saber cuánto aporta el conocimiento permite mirar la economía urbana desde otro ángulo: no solo cuánto se consume, sino qué se aprende, se investiga y se crea aquí.