El Centre Cívic Pati Llimona vuelve a ser el principal punto de encuentro del festival. Desde allí se articula una agenda que se extiende por otros espacios del barrio, como Espai Borsí y Lab Nau Especial, con 21 exposiciones de acceso gratuito.
La propuesta se aleja de la fotografía convencional y pone el foco en procesos manuales, técnicas históricas y fórmulas híbridas. El objetivo es explorar qué puede seguir ofreciendo la imagen física en un momento dominado por las pantallas, la automatización y la inteligencia artificial.
Una de las muestras más singulares es “Flying Roots”, de María Solaguren-Beascoa Negre. Tras doce años fotografiando al quebrantahuesos en los Pirineos, la artista presenta un trabajo realizado con cianotipia tricromática ecológica que reproduce los cambios de color del plumaje.
El festival también invita a participar directamente en la creación. Sus 69 talleres permiten experimentar con película fotográfica, procesos químicos, impresión artesanal e intervenciones sobre el soporte, con actividades dirigidas tanto a profesionales como a personas que se acercan por primera vez a estas técnicas.
La programación se completa con una veintena de conferencias sobre el futuro de la fotografía. Entre los temas aparecen la convivencia entre lo analógico y lo digital, la autoría, el uso de procesos antiguos y el impacto de la inteligencia artificial en la forma de producir y consumir imágenes.
Durante estos días, artistas, estudiantes, vecinos y visitantes comparten espacios en uno de los barrios más transitados de Barcelona. Las exposiciones gratuitas permiten incorporarse al festival sin necesidad de seguir toda la programación ni reservar plaza en los talleres.
La escena deja mesas llenas de negativos, papeles teñidos, cámaras modificadas y conversaciones que continúan por las calles del Gòtic. Frente a la rapidez de la imagen digital, el festival reivindica una fotografía más lenta, material y abierta al error.