La intervención plantea convertir la zona en un eje de plataforma única que conecte Fabra i Coats con la plaza de Can Fabra. El tráfico quedará limitado a residentes y servicios, liberando espacio para peatones y generando nuevas áreas para el paseo y la estancia.
El cambio no parte de cero. Desde 2023, parte de Sant Adrià ya estaba cerrada al tráfico por la instalación provisional del Mercat de Sant Andreu, adelantando un modelo que ahora se consolidará de forma permanente. La nueva ordenación busca reforzar la conexión entre ambos lados de la vía y facilitar desplazamientos más cómodos y seguros.
La presencia de equipamientos como la biblioteca y el uso intensivo por parte de familias convierten esta transformación en una actuación clave para el día a día del barrio. El proyecto prevé una duración de unos 15 meses, durante los cuales se irán incorporando zonas verdes y espacios de encuentro.
Más allá de la obra, la iniciativa se enmarca en una estrategia urbana que apuesta por reducir el tráfico y reforzar la vida de barrio en uno de los distritos con más identidad de la ciudad.
La reducción del tráfico y la creación de espacios peatonales suelen traducirse en calles más tranquilas, seguras y habitables. A medio plazo, esto puede favorecer el comercio local, el uso de espacios públicos y una mayor vida social en la zona. También implica cambios en la movilidad diaria, con menos paso de coches y más protagonismo para caminar o moverse en transporte sostenible.