El dato más llamativo se ha registrado en Portbou, donde la mínima provisional ha sido de 28 ºC, un récord de calor nocturno para un mes de mayo. No es una simple noche tropical, sino una mínima muy cercana al umbral de noche tórrida, que empieza cuando el termómetro no baja de los 25 ºC.
Barcelona también se mueve ya en valores claramente veraniegos. Este jueves, la previsión deja una máxima de unos 32 ºC y una mínima de 23 ºC, con una noche cálida que apenas permite recuperar el confort después del día. El viernes seguirá el ambiente caluroso, aunque con una ligera bajada de la máxima, alrededor de los 31 ºC.
El Observatori Fabra ya había dado una primera señal de alarma en abril. El 10 de ese mes registró una mínima oficial de 19,0 ºC, la noche de abril más cálida en más de un siglo de datos y por encima del anterior récord, de 18,6 ºC, anotado en 1945.
Los meteorólogos insisten en que no siempre conviene llamar “ola de calor” a cualquier episodio intenso. Para hablar técnicamente de una ola hacen falta varios días consecutivos con temperaturas extremas según umbrales concretos. Aun así, el episodio actual sí encaja en una tendencia cada vez más visible: noches cálidas que llegan antes, duran más y afectan más al descanso.
En Barcelona, el centro y los barrios más densos suelen notar antes este fenómeno que zonas más elevadas o ventiladas. El asfalto acumula calor durante el día, los edificios lo devuelven lentamente por la noche y la ciudad tarda más en enfriarse. Por eso la mínima oficial puede parecer moderada en un mapa, pero sentirse mucho más pesada dentro de un piso mal ventilado.
El calor extremo también se está dejando notar en Europa. En Reino Unido se han alcanzado valores récord para mayo, y en España la AEMET ha situado algunas temperaturas entre 5 y 10 grados por encima de lo habitual para estas fechas.
La pregunta de fondo ya no es si una noche concreta bate un récord, sino qué pasa cuando estos episodios dejan de ser excepcionales. Para Barcelona, las mínimas tropicales no son solo un dato meteorológico: cambian la forma de dormir, de trabajar al día siguiente y de planificar la ciudad. Más sombra, refugios climáticos, viviendas mejor aisladas y espacios verdes dejan de ser debates de futuro cuando el calor empieza a instalarse en mayo.