Un total de 118 agentes estarán activos, frente a los 66 del año pasado. El refuerzo se concentra en puntos de alta afluencia como Sagrada Família, La Rambla o Turó de la Rovira, donde la presión turística es más intensa.
Estos equipos tienen una función clave: informar, prevenir conductas incívicas y mediar en conflictos cotidianos. También actúan como enlace con la Guàrdia Urbana cuando la situación lo requiere, ayudando a mantener el equilibrio en espacios muy transitados.
El despliegue se extiende a otras zonas como la Barceloneta, Sant Antoni o Montjuïc. En total, la inversión municipal supera los 6,5 millones de euros, con parte del presupuesto financiado a través de la recaudación turística.
El refuerzo coincide con la nueva Ordenanza de Convivencia, que endurece las normas en el espacio público. La mayor presencia en la calle busca anticiparse a problemas habituales como el ruido, la gestión de residuos o el uso indebido del espacio urbano.
Para los vecinos, la diferencia se traduce en más control y una respuesta más rápida en zonas donde el turismo impacta directamente en la vida diaria, especialmente durante los meses de mayor afluencia.